jueves, 5 de marzo de 2009

Veintiuno de marzo en Chichén Itzá


Desciende la luz del sol con su casaca de sierpe
engalanada de plumas al pozo de los Itzaes
soplo de agua del cielo, mayorazgo de los dioses
las piedras de veinte siglos suspiran por su llegada
y danzan las nueve lunas períodos de gravidez
al son del canto divino que emana de un caracol.

Quetzalcóat —el que sabe— origina el equinoccio
baja a la sala de partos del más sabio de los días
hace el amor a la tierra fertiliza con su aliento
confirma los profecías, leyendas del quinto rey
que volverá del levante como estrella mañanera
y se convertirá en serpiente para renovar la vida.

4 comentarios:

Ana Muela Sopeña dijo...

Álvaro:
Renovación, siempre renovación. Perfecto poema en el que la palabra y el mito se amalgaman con equilibrio y derroche de recursos.

Besitos
La 11
Ana

Álvaro Ancona dijo...

Onceava querida:

me reconfortaencontrar tu nombre por estos rumbos. Gracias.

magnolia dijo...

Esto es lo más digno que he leído sobre el 21 de marzo en los blogs que visito, saluditos y salud por la reivindicación del tema!

Besitos mua, mua, mua

Álvaro Ancona dijo...

Bienvenida, Magnolia, Aquí siempre está la puerta abierta y el tapete rojo extendido.

Álvaro