martes, 17 de noviembre de 2009

Ménage à trois con gran final




Las dos desnudas en un jacuzzi burbujeante de
la gran reserva del Moët & Chandon del cuarenta y siete:
la musa que partió, la que se fue al morir el verano,
la poeta que llegó navegando del otro lado del mar

y entre ellas: el autor del argumento, el novelista,
con la pluma de ganso capaz de escribir el tercer tiempo
sin necesidad de borradores ni erratas de la fe.

Un depurado triángulo redactando la locura nueva
sobre el pentagrama del quinto concierto en llave de fa,
con los perjuicios secando al sol en el traspatio
cual sábanas blancas que extraviaron la memoria
y las ganas diferidas echando el segundo hervor.

Aquelarre iluminado con el parpadeo de Andrómeda
a la hora justa en que las brujas patentan los pecados
originales que después de la noche de apertura
se transforman en pecados inmortales.

Quiero vivir la más vieja de mis fantasías
escuchando el segundo tiempo del Concierto de Aranjuez
y cantarle a mis musas favoritas la ópera postrera del cisne
desafiando a los dioses a que conciban una mejor muerte.

2 comentarios:

canto y vida dijo...

Es el encuentro imaginario del poeta que busca entre sueños la verdad de la vida...desea abrazar por completo esa miseria y la vuelve complemento y éxtasis. Tres elementos para su poema que segura trascenderá más allá de la muerte...
Esto se me ocurrió leyendo tu poema.
Gracias Alvaro por visitar mi blog.

Ana Muela Sopeña dijo...

Un encuentro memorable, Álvaro.

Belleza en tus letras.

Un beso
La undécima musa
Ana