miércoles, 13 de octubre de 2010

Nowhere man


Sus libros estaban sepultados en polvo.
Su razón en telarañas de colores.
Su corazón en un sarcófago de acero
y su conciencia estacionada en punto muerto.


En los infiernos no lo admitieron
por no ser suficientemente malo.
Los cielos le cerraron sus puertas
por no ser razonablemente bueno.


Los gusanos no se lo quisieron comer.
Se fue desvaneciendo poco a poco,
hasta convertirse en la ceniza de su biblioteca.



6 comentarios:

Marian Raméntol dijo...

Pues a mi no se me ocurre mejor lugar para desvanecerme, Alvaro!

Un abrazote
Marian

Literalia dijo...

Álvaro:
Me urge enviarte información para el cierre de nuestro certamen.
Por favor, indícame un correo.
Afectuosamente:
Arturo Juárez Muñoz

Álvaro Ancona dijo...

paradigmaconsultores@prodigy.net.mx

saludos.

Julio dijo...

Todo un placer pasearse por tu pulcro cuaderno y estos últimos versos en los que la ironía nos acerca a la vida y hace más amable la muerte.
Salud.

Julio G. Alonso

Álvaro Ancona dijo...

En el polvo de los libros nos encontraremos, Marian. Quizá sea el cielo de los poetas.

Álvaro Ancona dijo...

Gracias, Julio. Siempre tienes la palabra precisa para hacerme sentir poeta.