miércoles, 14 de diciembre de 2011

Paren al mundo que quiero bajarme


Paren al mundo que quiero bajarme
Alvaro Ancona


Uno puede estar a favor de la globalización y en contra de su rumbo actual,
lo mismo que se puede estar a favor de la electricidad y contra la silla eléctrica.
Fernando Savater



La hoguera de la grilla política ha sido alimentada en las últimas semanas con nimiedades y sandeces de los candidatos: el copete de Peña Nieto o su nula cultura literaria, los vuelos de la Gaviota, entrevistas a los precandidatos panistas, descalificaciones personales, golpes bajos y piquetes de ojo.

Grilla interna y propuestas caseras. ¿Acaso no se atreven a mirar hacia afuera?
El próximo Presidente de México deberá entender que el éxito o el fracaso de su gestión, no dependerá exclusivamente de factores internos, ni de su buena voluntad. Quien no comprenda al mundo, no podrá gobernar a un país que duerme, espalda con espalda, con el más poderoso imperio jamás habido. Hemos escuchado, durante décadas, las promesas de quienes acceden al poder, ofreciendo crecimiento económico, generación de empleos y bienestar general, pero al terminar cada sexenio, terminamos decepcionados y clamamos por una cambio.

Hoy en día, en la segunda década del siglo XXI:

La globalización domina al mundo, controlando a las grandes empresas y a los grupos financieros e industriales. Rebasa a los políticos, a los intelectuales y a los tecnócratas.

Como dolorosos ejemplos:

·         Se producen alimentos suficientes para el 110% de la población. Sin embargo, mueren 30 millones de personas de hambre al año porque no pueden comprarlos y 800 millones más sufren de desnutrición.

·         El imperio global trae amenazas globales: terrorismo, narcotráfico, especulación bursátil, quiebra de grandes empresas.

·         El imperio moderno se expande conquistando mercados, no estados ni territorios.
Los protagonistas tradicionales: nobleza, clero, Estado llano, han sido sustituidos por asociaciones de estados como TLC, Unión Europea, OTAN, y por asociaciones globales como ONU, OMC, UNESCO.

·         El imperio no garantiza el nivel satisfactorio de vida para sus miembros. En Estados Unidos, hay más de 50 millones de pobres, igual que en la Unión Europea.

·         Las 225 fortunas más grandes del mundo equivalen al ingreso anual de los dos  millones y medio de las personas más pobres.

·         Los nuevos países pequeños, que existen a raíz de la desintegración de los imperios, viven en su gran mayoría en la pobreza.

·         La explotación de las materias primas, sustento fundamental de los países en desarrollo, es manipulada por las potencias, que determinan su precio de acuerdo con sus intereses y han desarrollado tecnología que las sustituye con productos sintéticos.

·         Los países más poblados, con más recursos naturales y con mayor territorio (parámetros tradicionales de poder), son hoy los más pobres (excepción hecha del imperio).

·         La globalización ha provocado el caos, la intolerancia. Desde el fin de la Guerra Fría, se han producido más de 80 conflictos armados.

·         Las macroempresas son entidades más poderosas que los Estados. El volumen de negocio de empresas como Wal Mart, Microsoft o Exxon, es superior al PIB de países ricos, como Dinamarca o Austria.

·         Las 100 empresas más grandes venden, cada una, más que lo que exportan los 100 países más pobres, y controlan el 70% del comercio mundial. El poder real en el mundo recae mucho más en los directores de esas empresas, que en los presidentes o parlamentos de los países.

·         La comunicación global (TV, cine, Internet, publicidad) afecta a las conciencias,  abarcando no sólo la política y los negocios, sino también la cultura, la música, el deporte y la religión.

·         Los gobiernos van cediendo actividades tradicionales del sector público, como la energía eléctrica y la educación, al mercado.

·         El mercado clasifica a la sociedad en solventes e insolventes.

·         Se necesitan 10 mil millones de dólares para resolver los problemas de educación básica de todos los países en desarrollo; se gastan 9 mil millones de dólares al año en cosméticos, sólo en Estados Unidos.

·         Con los 13 mil millones de dólares que los europeos gastan en helados al año, podrían resolverse las necesidades de agua, salud y alimento en los países pobres.

·         El mundo gasta más de 800 mil millones al año en armamentos; se necesitan 6 mil millones de dólares para dar escuela a todos los niños del mundo.

¿Qué nos dicen estas cifras?

Que la globalización no es producto de una ideología como el marxismo o el nacionalismo, ni de una decisión personal o de grupo. No se trata de decidir vivir bajo un régimen determinado, ni de entrar o no entrar a la globalización. Estamos adentro, nos atrapó, nadie puede bajarse, y menos los países pobres.

La globalización tiene un defecto estructural básico. El libre comercio implantado por los tratados multilaterales favorece a las grandes corporaciones competitivas e inmoviliza prácticamente a las pequeñas y medianas empresas, que representan el más elevado porcentaje de empleo y subsistencia en los países en vías de desarrollo.
La globalización acentúa las diferencias entre los países ricos y pobres, y los principales indicadores señalan que esa tendencia es irreversible bajo el sistema actual. El 20% de la población del mundo (los ricos), consume el 90% de todo lo que se produce.

Al industrializarse la producción agrícola, se requiere de menor cantidad de mano de obra, lo que conduce a la erradicación de una de las más antiguas formas de subsistencia: la vida agraria. Los habitantes de los pequeños poblados agrícolas emigran a las grandes capitales, convirtiéndose en obreros de empresas maquiladoras, en albañiles, en comerciantes de la economía informal, o lo que es peor, en delincuentes.
La globalización modifica de manera radical las funciones tradicionales del Estado. El antiguo Estado propietario debe ceder su lugar al nuevo Estado regulador y normativo. No puede existir una democracia fuerte, sin la base de un Estado fuerte, y ése es el gran reto de los nuevos gobiernos democráticos en América Latina y especialmente en México.

Los efectos nocivos de la globalización para un país con agentes económicos débiles son muchos; por eso, México debe enfocar su esfuerzo en retomar los valores sociales y revalorar al capital humano.

No puede esperar a que la inercia especulativa global provea soluciones, hay que arrebatárselas a la globalización. Hacer un inventario de los recursos con los que cuenta el país, para intentar sentar las bases de un crecimiento dentro de un mundo global del que no puede sustraerse. Ser miembro activo y dinámico de la globalización, en vez de resistirse a ella.

Finalmente, la globalidad se compone de pequeñas partes, de países, de asociaciones de países, de instancias internacionales, de corporaciones industriales y comerciales, de pueblos, y de personas en última instancia.

La globalización es resultado de la voluntad humana, es un monstruo que la inteligencia del hombre puede y debe manejar, por su propio bien. Cada gobierno es responsable de implementar un liderazgo público y privado, fuerte y sólido, consciente de sus propias responsabilidades.

Vivimos en un mundo dominado por la lógica especulativa, por una tecnología, una política y una economía que escapan de la mano del hombre, que lo domina y lo subyuga. El orden internacional está comandado por estas fuerzas, por poderes que nadie puede controlar, que se burlan de las soberanías caseras, de la lucha por la individualidad, de la identidad de países pobres y de habitantes que no saben si seguir comiendo tacos de carnitas y agua de tamarindo, o rendirse ante la invasión de McDonalds y de Coca Cola.


Conclusiones

La globalización no va a preocuparse jamás por aspectos sociales, eso hay que entenderlo.

Queda entonces como responsabilidad del país socializar la economía global, tomar como base a la sociedad civil y a la realidad cultural, para intentar sujetar al mundo global y a sus engendros.

No es posible que la delincuencia organizada supere habitualmente a todo un país. En el momento que los ciudadanos decidan poner un alto a los excesos de los gobernantes, el camino estará despejado.

Es indispensable que la sociedad civil se active. Sólo una sociedad bien educada y unida puede utilizar el proceso globalizador en su beneficio, convertirlo en oportunidades de crecimiento, justicia y bienestar.

Todos los sectores activos de México, públicos, privados y sociales, deben adquirir la conciencia de servir primero a su comunidad local, a su acervo cultural, antes que a los intereses globales que los requieren con insistencia.

La globalización amplía las tareas públicas en vez de restringirlas o de suprimirlas. Reafirma la función distributiva por la vía fiscal. El Estado mexicano deberá seguir siendo factor toral para implantar las políticas de salud y educación. Con un Estado fuerte (no grande), una empresa privada productiva (no especulativa), y una sociedad civil despierta y activa, la globalización puede ser una herramienta de bienestar en lugar de la espada de Damocles del siglo XXI.

La globalización, la tecnología y las organizaciones internacionales no tienen nacionalidad, pero tampoco la corrupción y el narcotráfico, por eso son tan difíciles de ubicar y erradicar.

La globalización no es una panacea, ni un monstruo incontrolable. Es resultado de la tecnología, de las telecomunicaciones, de la mercadotecnia internacional. Ningún país puede sustraerse a ella, todos tienen que subirse al ferrocarril global y utilizarlo a su favor, no tratar de poner barreras a algo que no puede detenerse.

Y el que no pueda entender esto… que se baje de una vez.




Bibliografía:
Guerras del siglo XXI, El nuevo rostro del mundo, Ignacio Ramonet, Ed. Modadori
En esto creo, 2002, Carlos Fuentes, Ed. Seix Barral
Editorial del periódico Reforma de Jesús Reyes Heroles.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Sr Ancona,

Hace muchos años leí el libro "Triunfar es algo muy divertido", yo tenía 12 o 13 años, el libro se presto y nunca regreso. Quisiera saber como hacerme de una copia.

Correo: contacto@mexicobursatil.com

Antonio Urdiales Camacho dijo...

Vaya mierda de mundo que hemos contribuido a hacer, pero es lo que hay y, a mi modo de ver, contra lo que hay que luchar. En fin, amigo Álvaro, seguiremos cavando trincheras... Que pases una felices fiestas.

Un abrazo.