lunes, 19 de marzo de 2012

2 + 2 = 3: sólo en México

2 + 2 = 3: sólo en México
“La madre de todas las guerras”
Álvaro Ancona



La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en
que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes.
Charles Bukowski

Faltan unos cuantos meses  para las próximas elecciones. Una vez más, los mexicanos en edad de votar, acudirán a las urnas para elegir al nuevo Presidente de la República, a 128 senadores, miembros de la Cámara Alta, y a 500 diputados, correspondientes a la Cámara Baja. El balazo de salida para el proceso electoral 2011–2012, lo dio el Instituto Federal Electoral, conocido entre cuates como IFE, el pasado siete de octubre.

Los próximos siete meses, seremos testigos de “La madre de todas las guerras”. Los medios de comunicación, tradicionales y digitales, atiborrarán de información a los ciudadanos de a pie. Una verdadera batalla campal entre técnicos y rudos, para posicionar en la mente del presunto elector a su gallo o a su gallina. Escucharemos verdades, mentiras, apologías, detracciones y discursos y encuestas hasta la náusea. El radio, la televisión, los medios impresos, la Internet y las redes sociales, ofrecerán cada minuto un amplio menú, entre divertido y escandaloso, de opciones para el consumidor objetivo.

Demostraremos una vez más al mundo, por qué jamás hemos ganado una medalla olímpica en algún deporte de conjunto. La izquierda culpará a la derecha en el poder, de todos los males habidos y por haber y tildará a los priistas de dinosaurios; la derecha responderá sacando los trapitos al sol de cuanto candidato de oposición se presente,  utilizando el poder del Estado para aplastarlo; el PRI minimizará cualquier cosa bien hecha en los últimos diez años por el Gobierno Federal y seguirá acusándolo de la guerra perdida de Calderón, del empoderamiento del crimen organizado y de la última erupción del Popocatépetl. 

Demostraremos una vez más al mundo, que sólo en México logramos contradecir a Pitágoras y hacemos que 2 + 2 sean 3. El bien contra el bien y, el mal contra el mal, como decían en “El Exorcista”.

¿A quién podremos echarle la culpa de no saber trabajar en equipo?, ¿a los políticos, a los partidos, a los sindicatos, a los ciudadanos, a los gringos?

Pensándolo bien, la culpa de todo la tiene Hernán Cortés, que llegó hace quinientos años con un puñado de aventureros, pero encontró a nuestros abuelos peleando unos contra otros en San Lázaro. Cuando llegó a Tenochtitlán, traía más de cincuenta mil aliados indígenas, principalmente tlaxcaltecas. Los aztecas eran muchos más, pero poco pudieron hacer ante las estrategias guerreras de Cortés, que contaba con un moderno armamento.

O quizá, el verdadero culpable sea Antonio López de Santa Anna, que entregó a los gringos en el siglo XIX, los estados de Arizona, California, Nevada, Nuevo México, Utah, Texas, parte de Colorado y Wyoming, en medio de una lucha interna entre liberales y conservadores. Vale recordar que el Presidente de México, Mariano Paredes, convocó al país a la defensa, ante la invasión del norte, pero la mayoría de los gobernadores se declaró neutral o en contra del centralismo y votó en contra de la reforma electoral.

Pero eso fue hace muchos años.
En tiempo más recientes, el verdadero villano fue el conspicuo Gustavo Díaz Ordaz, el dos de octubre de 1968, una semana antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos.  Terminó con el ingenuo movimiento de los estudiantes con dos luces de bengala en la Plaza de las Tres Culturas.

O el entrañable Jolopo,  que pasó a los banqueros la factura de la devaluación y estatizó la banca; o el sub Marcos, que declaró la guerra desde el Estado de Chiapas al Gobierno de México. También, podemos culpar al Chicharito que no ha metido goles en dos semanas, o a “La Academia” que trata de quitarle rating a “La Voz México” de Televisa.

La realidad es que sólo en México podemos hacer la magia aritmética de que dos más dos, den como resultado tres. Siempre estamos unos contra otros, es parte de la idiosincrasia mexicana y una sinergia que aparentemente no se puede romper. La inteligencia individual se fusiona con la conciencia colectiva, con resultados negativos. Y no hablamos de la semana pasada, hablamos de doscientos años. Bicentenario, que acabamos de conmemorar con un monumento histórico, “La Estela de Luz”, que todavía no han terminado los contratistas.

Comunicadores contra legisladores, partidos contra partidos, políticos contra ciudadanos, tricolores contra azules, azules contra amarillos, empresarios contra empresarios. 

Todos contra todos.  
¡Qué pena!