jueves, 6 de diciembre de 2007

Fulminado por la letra (fragmento)


(diálogo entre el escritor Guillermo Cervantes y Óscar Wilde)


—Me parece imposible. ¿Cómo podría un humano, por inteligente y talentoso que sea, convertirse en mujer, en hombre, ser asesino, soldado? Utópico meterse en la mente de cada persona real para comprenderla y dar vida a un personaje similar.

— ¡He ahí el reto! Si no eres capaz de comprender al ser humano en todas sus formas de vida y pensamiento, dedícate entonces a representar un sólo papel. El arte no puede ser simple espejo de la vida. Si la verdad suele desquitarse de quienes la ignoran, con frecuencia se torna inexorable con sus seguidores.

Cervantes se sentía desolado. Entendió en ese instante por qué sus libros habían pasado desapercibidos, tanto por la crítica, como por el gran público. Había escrito tratando de convertir a sus personajes y a sus argumentos en un ramplón reflejo de realidades cotidianas pensando en darle veracidad. Ese simple hecho, aportaba una intrascendencia fundamental a sus libros. Intentó escribir una historia real de hechos poco relevantes, en lugar de tomar esos hechos, e ir más allá de lo habitual, produciendo personalidades fascinantes y sucesos mágicos que resultaran atractivos a un lector común, que busca en la literatura un escape a una realidad mustia y trivial.

—Creo recordar una frase de El retrato de Dorian Gray: no hay libros morales o inmorales, sólo hay libros bien o mal escritos. ¿Significa que es más relevante la forma que el fondo?

—Estás tocando aquí, mi querido Cervantes, un tema más filosófico que literario. ¿Qué es moral y que no lo es?, ¿Qué es bueno y qué es malo? La poesía de un hombre puede ser veneno para otro. Como dramaturgo, tienes la obligación de abrir tu mente, tu cuerpo, tus sentimientos y sensaciones a todas las formas de pensar y de creer; bueno y malo caen siempre en la relatividad. Lo que fue aplaudido en una época puede ser motivo para ser quemado en la hoguera en otra; el arte no puede ser delimitado, no resiste la censura sin perder su calidad original. La verdad en el arte es la armonía de determinada cosa con su esencia individual, lo externo como expresión de lo interno, el espíritu hecho carne, el cuerpo animado con el espíritu. El problema en el que han caído los filósofos de todas las épocas, es intentar encontrar la evidencia en lo que no puede verse; craso error. No hay nada más excelso en el mundo que la estética, la hermosura que podemos ver y tocar con nuestros sentidos. En las apariencias está la verdad. El hombre ha tratado de interpretar los grandes misterios de la vida, pretendiendo percibir lo invisible, lo que no puede apreciar a simple vista, olvidando que las más grandes maravillas están, en la belleza de la naturaleza, del cuerpo humano, de un clavel, de un amanecer, en una puesta de sol. Por qué buscar la verdad en lo intangible si la tenemos a nuestro alrededor.

Otro de los grandes retos del escritor, es mostrar al lector imágenes de gran sentido estético a través de la palabra; provocar con la poesía o con la prosa, ubicar en la mente de quien nos lee, la obra cardinal del ser humano, la belleza natural del espectacular escenario que encontramos a nuestro alrededor con sólo abrir los ojos.
Jamás te permitas echar a perder una página de tu libro con el realismo de la vida. Piensa como poeta, extrae la belleza de tu propia imaginación y transmítela con creatividad literaria al lector.

Cervantes seguía deslumbrado. Con qué seguridad, el controvertido Wilde le daba las fórmulas del éxito en la literatura. ¿De dónde sacaba ese dominio del lenguaje hablado y ese aplomo con el que expresaba sus ideas?

—El arte —continuó el hombre del clavel verde— es el camino directo hacia la comprensión de la naturaleza. El problema de todas las épocas es que nunca se ha considerado importante en su momento; siempre ha sido un valor agregado de los artistas a las cosas substanciales de la vida; y me pregunto: ¿cuáles son esas cosas trascendentes?, ¿La guerra?, ¿La política?, ¡Qué estupidez! La historia de la humanidad no va a ser protagonizada por políticos, ni por generales, ni por empresarios. No señor, la verdadera historia está siendo escrita por poetas, por pintores, escultores, autores. La historia de Alemania la escribieron: Beethoven, Goethe, Schopenhauer; la de España: Cervantes, García Lorca, Velázquez, el Greco; la de Italia: Miguel Ángel, el Dante, Papini; la de Francia: Russeau, Víctor Hugo, Renoir, Tolouse Lautrec, Villon o La Fontaine y en la verdadera historia de la Gran Bretaña no destacarán políticos ni presidentes, sino: William Shakespeare, Christopher Marlowe, Lord Byron, Dickens y, por supuesto, tu seguro servidor.