jueves, 22 de mayo de 2008

Ciego de día


Busca el color del sol con sus manos
la luz que delata la luna
adivina el rostro de la gente
la grafía de los sonidos
lo que las fragancias dicen.

Interpreta los sonidos del ocaso
opuestos a los de madrugada,
sabe la hora sin ver manecillas,
la gente suena a urgencia de regreso
ansia bulliciosa por llegar a casa.

Desanda cuarenta pasos que faltan.
Cuenta los treinta peldaños hasta su piso.
Le dan la bienvenida: el Impromtus de Shubert
programado, los ecos familiares,
los sabidos vientos de la casa
y el espíritu del gato que lo abandonó.

Espera la hora del silencio
su tiempo favorito
cuando todos son iguales a él.
Sueña entonces con árboles verdes
y claveles rojos.
Es capaz de ver un arcoiris
de mil colores y recordar verso a verso
el más conmovedor de sus poemas.

Duerme con los ojos abiertos.