martes, 13 de enero de 2009

A nativitate (Fragmento de "La dueña de las mareas".



¿A qué edad el ser humano se convierte en un estúpido?; dudo que sea un problema ingénito, requiere de un proceso de ilustración; los niños son casi perfectos, pero al crecer son aleccionados por sus padres y maestros hasta llegar a ser en los seres informes que tienen al mundo en estas condiciones; los niños no son guerreros, ni contaminadores, ignoran las estructuras sociales; desde su óptica infantil los demás niños son otros seres humanos iguales; son amigos de los demás sin importarles si son hijos del presidente de la república, o del señor que recoge la basura; no les impresiona la riqueza, mucho menos la estofa del apellido, ellos tienen el suyo propio y es tan bueno como cualquiera; pero van aprendiendo, pronto sus mentores les hacen saber que hay ricos y pobres, negros y blancos, católicos, protestantes y judíos, gringos, colombianos y españoles; les enseñan también, que los que no piensan como ellos están equivocados, son inferiores, o superiores, seres perversos a los que hay que combatir; si eres Capulleto, tienes la obligación gremial de acabar con los Montesco; si eres blanco, los negros deben servirte, para eso están; si eres católico, debes fulminar a los protestantes y demás herejes que viven en pecado; es más fácil aprender a odiar, que a amar; ¿a qué edad se echarán a perder las personas? Pasan los siglos, el hombre sigue en guerra, con un reparto absurdo y desigual de la riqueza; el ser más inteligente del planeta sigue contaminando los mares, matando a sus iguales por diferencias de idiosincrasia; ¿cuál será la solución definitiva a la imbecilidad? Un virus, ¡eso es! Un virus nuevo que elimine a cualquier persona mayor de diez años, genial; sólo quedarían niños, tendrían que organizarse, iniciar un nuevo mundo entre todos, trabajar en equipo sin importar el color, ni la nacionalidad, ni el apellido; estoy seguro de que lo harían mucho mejor, sin adultos, ni escuelas, ni historia, ni dioses; sería la única respuesta a la insensatez del rey de la creación.