jueves, 17 de diciembre de 2009

El poema de Navidad



La luz de la mañana encontró un resquicio de la destartalada casa, invadió la noche interior y sorprendió al poeta relajado. Había regalado sus ojos a una luz encanecida durante toda la noche del veintitrés, pero el resultado era excelso, su obra maestra.

Dedicó catorce horas en escribir un poema, pero era perfecto. Contenía en sólo treinta y dos endecasílabos la experiencia de cincuenta años, el amor de toda una vida, la esencia de un soñador. Lo revisó con cuidado, lo leyó con espíritu crítico y su obra resistió todas las pruebas, era impecable.

Después de tantos años de búsqueda incesante, de noches de insomnio, las nueve musas se habían puesto de acuerdo y le habían aportado la inspiración necesaria.
En una hoja arrugada, manchada de café y con múltiples correcciones, estaba el poema: pulcro, profundo, original, capaz de traspasar el más pétreo corazón y la inteligencia más aguda. Nadie podría resistirlo.

De repente, el poeta tuvo un ataque de lucidez. Había llenado el vacío con la letra más perfecta jamás escrita, pero era veinticuatro de diciembre y él no tenía un centavo. Sería requerido para aportar lo suficiente para el pavo, el bacalao y los romeritos. Los hijos mirarían el cielo con ilusión, esperando el costal lleno de juguetes y sorpresas de Santa Claus.

No importaba, tenía en sus manos el más bello poema que hubiera mortal alguno escrito, tendría que valer millones.

Guardó con cuidado la preciada hoja de papel en una carpeta, y decidido, salió a la calle para venderlo. El poema tendría que proveer lo suficiente para los gastos navideños, para que su esposa no lo considerara un inútil soñador y sus hijos no se quedaran esperando a ese señor egoísta que vestido de rojo y tirado por siete renos, solía tener una extraña preferencia por los hijos de los empresarios triunfadores, de los políticos que a diario salían en los periódicos y de los comerciantes audaces que habían hecho su agosto en diciembre.

No había nada que temer. Había escrito un poema. El mundo tendría que reconocerlo, y pagar por él. Se enfundó en su chamarra de pana y salió a la calle lleno de optimismo.
Se dirigió a una editorial. Exigió hablar con el director. Después de una larga espera, el famoso editor le concedió unos minutos.

—¿En qué puedo servirle?

—Vengo a venderle este poema. Lo escribí anoche y estoy seguro que le gustará. Es lo mejor que he escrito en mi vida.

El comerciante de libros leyó los versos de mala gana, con prisa.

—No está mal, pero no vale nada. ¿Acaso no sabe que vivimos en una economía de mercado? ¿Que la ley de la oferta y la demanda regulan el valor de cada objeto, y un poema, por muy bueno que sea, no vale un centavo.

Salió indignado de la editorial. Sabía que los poemas buenos trascendían al tiempo, que eran leídos por mucha gente durante años, que no conocían las leyes del mercado, pero que consolaban a la gente cuando estaba triste, ayudaban a los desesperados, enlazaban parejas y, estaban mucho más allá de la mercadotecnia. Alguien tendría que apreciarlo.

Recorrió oficinas, casas de amigos, mercados, y obtuvo siempre la misma respuesta. Los poemas no valen nada, no se pueden vender.
Era ya de noche, estaba cansado, afligido, tendría que regresar a su casa con las manos vacías. De repente, vio una gran mansión que reflejaba poderosas luces iridiscentes provenientes de un fastuoso árbol de Navidad de más de dos metros de altura. Se asomó a la ventana y se asombró al ver la montaña de regalos multicolores que rodeaban el pie del pino. Vio a los niños vestidos con gran elegancia navideña disputarse los paquetes de colores; imponentes señores brindar con copas de champagne, y a distinguidas damas luciendo exclusivos modelos.
Se atrevió a tocar la puerta y a solicitar al mayordomo que le permitiera hablar un minuto con el señor de la casa.
El empresario acudió al llamado.

—¿En qué puedo servirle?

—Vengo a venderle este poema.
El señor tomó la arrugada hoja y leyó con desgano.

—No está mal, pero, ¿cuánto quiere usted por él?, ¿cuánto puede valer un poema?

—Vale lo que usted diga.

Hastiado e invadido por el espíritu navideño, le ordenó al mayordomo.

—Dale a este hombre veinte pesos.

Regresó a la sala. Tiró hoja de papel a la chimenea. Pobre diablo, no sabe que los poemas no valen nada.
La hoja de papel se quemó en unos segundos y el humo salió por el tiro y se fue hasta el cielo.
Y se ubicó en la inmortalidad, y fue leído y comentado por los filósofos y escritores inmortales de todos los tiempos y reconocido como una de las grandes obras de la literatura universal.

El poeta regresó a su casa con veinte pesos.

22 comentarios:

Paloma dijo...

Qué bonito Alvaro, me encantó, resume la esencia del arte, casi nunca es valorado por los coetáneos, y aún así no se amedrenta.

Cuando escribir se convierte en una necesidad está por encima de lo práctico.

Un beso.

Ps. me iré a soñar con este cuento ;-)

medianoche dijo...

Precioso relato este que leo en tu blog, los poetas muchas veces no son reconocidos.

Saludos

Leo dijo...

La poesía, para mí, el medio más estilizado que nos sirve para crear mundos imposibles donde nuestros más grandes anhelos y miedos cobran vida, pinceladas estampadas en nuestra alma, con las que la realidad nos ha manchado el cerebro.
¡Amigo mio! este escrito refleja exactamente la realidad de los poetas, creo que todos los que nos dedicamos a escribir nos hemos sentido así en algún momento, cuando sabemos q hemos creado una gran obra, pero no es reconocida.

-A veces me pregunto si vivo para escribir o escribo para vivir-
Me ha encantado...Un Abrazo!!

Marisol dijo...

Qué sabio. Si la poesía costara lo que vale...
La suma de redacción y contenido hacen piezas muy interesantes, mantienen al lector atento a cada detalle.
Ha sido un placer visitarte. Saludos.

"Premio Maria Amelia Lòpez Soliño" dijo...

Queridos seguidores y amigos.

Nos gustaría haber podido regalaros la noticia del Premio por Navidad. No ha podido ser así. Esperamos que el nuevo año nos traiga más suerte. Os aseguramos que la seguiremos buscando hasta el final, insistiendo para que vuestra aportación al mundo de los blogs sea escuchada, y os recordamos que nuestra fuerza reside en vuestro apoyo, por lo que pedimos un esfuerzo también por vuestra parte para divulgarlo.

De parte de los que trabajamos desde el blog y el grupo de facebook para sacarlo adelante, os deseamos unas felices fiestas en compañía de vuestros seres queridos. Arropad a vuestros mayores.

Un fuerte abrazo.

Blogs de Mayores
Grupo de apoyo en facebook

Daniela Matos dijo...

Alvaro:Tampoco vale mucho: un beso espontaneo, ni la sonrisa agradecida de un paciente, ni el gesto de camaradería de un amigo, ni el llamado de mi amor, diciéndome que me extraña, ni la calidéz de las notas de una lánguida canción. Todo esto y más, también son poemas, no valen mucho, ¡pero cómo los disfrutamo!
Recibe nU otiseB: Daniela

Álvaro Ancona dijo...

Paloma:

Un sueño que provoca otro sueño. Qué más puede pedir un escribidor de cuentos.

Álvaro Ancona dijo...

Leo:

recuerda que al poner el punto final en una obra el escritor muere. Para renacer requiere poner la primera palabras de la siguiente.

Bienvenido

Álvaro

Álvaro Ancona dijo...

Medianoche:

ya tu nombre implica poesía. Gracias por venir. Nos seguimos.

Álvaro Ancona dijo...

Sigo apoyando la memoria de María Ameñlia. Un ejemplo para todos.

Álvaro Ancona dijo...

Marisol:

Sólo quien ha puesto punto final a su obra puede ponerle precio. Lo demás es simple economía de mercado intrascendente.

Bienvenida.

Álvaro Ancona dijo...

Daniela:

tienes la pluma llena de razón. La vida está llena de poesía. Hay que aprender a atraparla cada minuto.

Vaya un abrazo fuerte.

Ana Márquez dijo...

Me ha encantado. Yo me adhiero a la idea de que sólo existe un poema en el mundo y que lo estamos escribiendo desde hace milenios entre todos los poetas habidos y por haber. Y, por supuesto, no es que no "valga nada", sino que no tiene precio.

Un beso grande y felices fiestas, amigo.

canto y vida dijo...

La poesía sobre todo canta al alma y es intemporal, por eso su valor trasciende más allá. Bello relato.
Te mando saludos y mis mejores deseos en esta navidad, una época muy especial para los que creemos y admiramos a Jesús.
Feliz Navidad y Próspero Año 2010.
Mis abrazos sinceros para ti, esperando que siempre estés allí con nuevos relatos para tocarnos el alma.
Brindo por eso.

María de la Cruz Díaz dijo...

Ningún dinero del mundo puede pagar el sentimiento de un poeta.

Mi abrazo siempre admirando su talento, y deseándo que en el 2010 todos sus proyectos se relaicen.

Bendiciones poeta Álvaro

Maricruz Díaz

Ana Márquez dijo...

Que el 2010 venga repleto de alegría y momentos dulcemente inolvidables.
Que vivas tu vida serena y amablemente, con tranquilidad y armonía, con el tiempo en tus brazos :-)

Un millón de besos, que Dios te bendiga.

Ana Márquez

Ezequiel Martin Barakat dijo...

Llegué a tu blog por esas cosas que tiene el (¿azaroso será poco?)destino de la web, y me encantó. Lo mejor para el 2010 y a seguri hilvanando palabras, hasta sacarles todo el jugo...abrazo.

Ezequiel

Álvaro Ancona dijo...

Ana Márquez

Me ha encantado. Yo me adhiero a la idea de que sólo existe un poema en el mundo y que lo estamos escribiendo desde hace milenios entre todos los poetas habidos y por haber. Y, por supuesto, no es que no "valga nada", sino que no tiene precio.

Un beso grande y felices fiestas, amigo.

Ya mí me ha encantado encontrar a una poeta tan buena en mi Blog.

Álvaro Ancona dijo...

Canto y vida:

ya tu nombre presagia
poesía. Gracias por la visita.

Álvaro Ancona dijo...

María de la Cruz:

gracias, amiga, por tu visita.

Álvaro

Álvaro Ancona dijo...

Ana, re-bienvenida.
Éste será un año espléndido. Lo sé de buena fuente.

Vaya un abrazo fuerte.

Álvaro Ancona dijo...

Ezequiel:

una afortunada coincidencia literaria. Nos seguimos.

Álvaro