jueves, 5 de enero de 2012

Terrorismo


Terrorismo

Después de varios días de ardua labor, descansaba en una casa deshabitada, bebiendo vino y vaciando las despensas para recuperar fuerzas. De repente vio entrar en la oscuridad a tres insólitos individuos.
            —¿Y ustedes quiénes son?, ¡deténganse! o les suelto a la jauría.
            Asustados los extraños personajes, de marcado acento y aspecto oriental, subieron las manos ante la amenaza del obeso personaje que les apuntaba con una metralleta láser de plástico. Tenía que ser estadounidense, por el color blanco de la piel, los ojos de un azul desteñido y la enorme barriga, producto típico del fast food y la inocua diet coke.
            —¡Identifíquense! —gritó autoritario—. Los delata el color moreno de su piel, por no mencionar que uno es negro. ¿Qué carajos traen en esas bolsas?
            —No traemos identificación alguna, señor, venimos del oriente, de Irak, Irán y Paquistán.
            —Lo sabía —gritó cortando cartucho—, deben ser miembros de Al Qaeda y seguro están aquí para implementar algún acto terrorista. Pero he mandado la señal, en unos segundos estarán aquí el FBI y la CIA en pleno, y los refundirán en la más segura de las prisiones, para que confiesen todo.
             —Mire señor, puede revisar los sacos. Lo único que traemos son juguetes. No somos mensajeros de nadie.
            El hombre blanco y barbado revisó con calma los enormes sacos. En efecto, estaban repletos de juguetes Made in China y Taiwan.
            —Al suelo cabrones, si no son terroristas deben de ser contrabandistas, traen juguetes chinos de pésima calidad y los introducen en América con prácticas de dumping.
            Las fuerzas elite de la CIA entraron a la casa en un operativo milimétrico y en menos de treinta segundos maniataron a los orientales y los interrogaron con lujo de violencia. Después de dos horas de interpelación los dejaron ir. Entonces el comandante de la brigada Swat se dirigió al americano que los había atrapado.
            —Ya estás viejo, Nico, la mercancía es legal y está aceptada en los tratados de libre comercio. Y estos cuates son reyes. Mejor ya lárgate, que estamos a seis de enero y tu sigues por aquí.