lunes, 3 de diciembre de 2007

Volver con la frente marchita

Volver con la frente marchita las nieves del tiempo platearon mi sien,
Sentir, que es un soplo la vida, que veinte años no es nada,
Que febril la mirada errante en la sombra te busca y te nombra.


Cuando escuchamos un acetato de Carlos Gardel cantando con sentimiento arrabalero, acompañado por el llanto melancólico de un bandoneón, no podemos menos que pensar en el baile arrastrado y armónico del tango, ese baile popular que hace vibrar el corazón de cualquier argentino.
Música que nació de manera espontánea en los burdeles del viejo Buenos Aires en las últimas décadas del siglo diecinueve. Mucho más que canciones tristes y un baile sensual; representa una ideología, la manera de pensar y sentir de un pueblo cosmopolita, mezcla de muchas culturas.
En esos antros de finales de siglo, se reunían inmigrantes de Europa y de Africa a beber, compartir soledades e intentar olvidar su pesada carga. El tango surge entonces como una manera de ahogar, bailando y cantando, una realidad difícil de aceptar. Escuchándolo con detenimiento, podemos sentir la mixtura de esa cultura de inmigrantes: la tristeza de los esclavos de Africa, el dolor ancestral de los indios y, la soledad de los españoles, italianos y otros europeos haciendo la América lejos de su patria. Por eso, el tango refleja la nostalgia de la tierra, la melancolía del pasado y la violencia de la relación tormentosa entre una prostituta y un chulo.
El tango original era un baile dramático que hablaba siempre de mancebías, lleno de obscenidad y,cuyos principales protagonistas eran del mundo de la prostitución. Cn el tiempo se fue modificando para poder hacer su debut en la alta sociedad. En la segunda década del siglo veinte, los inmigrantes residentes en Argentina recibieron el derecho de voto y trasladaron gran parte de la cultura del burdel a la sociedad de Buenos Aires, incluyendo o,empezando,por el tango, aunque con algunas modificaciones superficiales.
Ese viejo tango mantuvo su estructura original,aunque su sensualidad innata fue moderada y las letras dejaron de ser abiertamente erótica para poder entrar a los salones de baile y a las refinadas reuniones de la sociedad parisiense, y ahí adquirió popularidad internacional. Cuando los recatados porteños supieron de la fama europea del tango, lo importaron y empezaron a bailarlo y a convertirlo en un símbolo de Argentina y de la alta sociedad latinoamericana, Surgieron los ídolos representados por la voz afligida de Carlos Gardel y por el bandoneón virtuoso de Astor Piazzolla. Este último combinó el tango con la música clásica, llevándolo a inconmensurables niveles de virtuosismo.


Quiero emborrachar mi corazón para olvidar un loco amor
Que más que amor es un sufrir,
Y aquí vengo para eso, a borrar antiguos besos en los besos de otra boca.


Esa música atribulada ha servido de vehículo para popularizar el lunfardo en todo el mundo durante el siglo veinte, y año tras año, los cantantes de moda reviven los antiguos tangos y los ponen de moda entre los jóvenes. Podemos escuchar las interpretaciones de Gardel en voces de intérpretes como: Luis Miguel, Tania Libertad, José José, y muchos otros. También, el tango ha sido esencia de importantes espectáculos teatrales como Forever Tango, que estuvo durante noventa semanas en San Francisco y hoy en día representa la producción más larga de la historia de Broadway.
Lo que no deja lugar a duda es que bailar tango es un reto muy importante para cualquier amateur. Requiere de una espléndida coordinación motriz y de un acoplamiento sensual y rítmico con la pareja. En casi todas las ciudades existen academias para aprender a bailarlo o por lo menos para intentarlo.

El tango y su origen tienen implicaciones sociales y culturales sobre las que mucho se ha escrito. Sin embargo, no existe quien pueda asegurar el lugar exacto de Argentina en que vio la luz este popular baile. Si usted le pregunta a un argentino oriental, asegurará que la cuna del tango es montevideana; si interroga a un conocedor del barrio del retiro en Buenos Aires, le asegurará que precisamente en ese barrio nació; un porteño del sur le hablará de la calle Chile, y uno del norte asegurará que el tango nació en la meretricia calle del Temple. En lo único en lo que estarán totalmente de acuerdo es que el tango es originario de los lupanares y que nació entre 1880 y 1890.

El baile del tango tiene implicaciones de índole sexual muy obvias, pero pocos han observado su inclinación pendenciera. Como lo apunta Jorge Luis Borges en su libro “Evaristo Carriego”, “hablar del tango pendenciero no basta, yo diría que el tango y las milongas expresan directamente algo que los poetas muchas veces han querido decir con palabras, la convicción de que pelear puede ser una fiesta”.
El tango (quizá como la música ranchera de México, esa que cantaban Jorge Negrete y Pedro Infante en las cantinas antes de liarse a balazos porque alguien los había visto feo) es música de hombres, de machos, es un baile que puede ser lucha a muerte. En un principio, en la chacarita, era bailado por parejas de hombres, ya que resultaba demasiado violento para una mujer.
El tango también tuvo en sus orígenes una función compensatoria, ya que revelaba un pasado personal que el bailarín ignoraba hasta que lo ejecutaba, y que lo movía a lamentar desventuras que no conocía y a cargar con culpas que no había cometido. Quizá la primera función del tango fue dar a los argentinos la certeza de haber sido valientes, machos, y haber cumplido con creces las exigencias del honor y del valor.
Ese baile de hombres, muy hombres, capaces de intercambiar cuchilladas a la menor provocación y de seducir con sus encantos varoniles a las mujeres, se ve reflejado en las letras de muchos de los tangos.


Si soy así, qué voy a hacer, pa’ mí la vida tiene forma de mujer.
Si soy así, qué voy a hacer, es Juan Tenorio que hoy ha vuelto a renacer.


El tango es un espejo de las realidades y un modelo de influjo maléfico. Habla de tragedias, de oscuros amores incomprendidos, de hombres abandonados por la mujer amada. Los primeros tangos, los de los burdeles, eran muy simples y quizá intrascendentes, pero sin duda eran ejemplos de valor y de alegría. Se bailaba con gran sensualidad entre las parejas como un medio de diversión, pero con el paso del tiempo se transmutó en un resentimiento musical que nos cuenta con lujo de sentimentalismo las desdichas y penurias propias y que festeja abiertamente las ajenas.
El tango, esa música que suena a Argentina, a Buenos Aires, a poesía, a futbol, allunfardo, es el platillo que satisface el hambre de fantasía. Antes de que existiera, estaba su semilla en las ganas de tango, en los ademanes exagerados y estéticos de los chulos y de las putas, en la necesidad de la alta sociedad de vivir la vida del arrabal y del burdel sin salir de sus elegantes salones. Es una manera de no quedarse con las ganas, de sufrir y divertirse, de atreverse a bailar fundido a la pareja, de demostrar el ritmo, el talento, el porte. Es temperamento, fonética, nacionalidad, la personalidad de un país exportada durante cien años al mundo entero.
Es también romance, declaración amorosa:


El día que me quieras, la rosa que engalana,
Se vestirá de fiesta, con su mejor color,
Al viento las campanas dirán que tú eres mía
Y locas las fontanas se llenaran de amor,

La noche que me quieras, bajo el azul del cielo,
Las estrellas celosas, nos miraran pasar,
Y un rayo misterioso, hará nido en tu pelo,
Luciérnaga curiosa, que verá que eres mi consuelo.

Es remembranza, nostalgia.


Caminito que el tiempo ha borrado, que un día muy juntos nos viste pasar,
He venido por última vez, he venido a contarte mi mal.

Es la voz de una provincia musical rioplatense, representa la geografía del arte que suele ser más trascendente que la geografía política; es la emancipación del latino que en esta América de los cantos y las danzas se rebela a entregar su alma a la música del conquistador anglosajón. Es más que un baile, una intención, una cultura particular que se concretiza en una idea y después en una forma. El tango es una música instrumental, es una letra desgarradora, una danza sensual y un arte interpretativo de gran sentido estético. El baile, la letra, el bandoneón y la orquesta están influidos uno por el otro y forman un todo armónico dentro de una frecuencia emocional.

Saque a bailar a su pareja, estréchela fuertemente entre sus brazos, ponga un disco de tango y trasládese al siglo pasado al compás de un tango.


Uno vaga lleno de esperanzas
el camino que los sueños prometieron a sus ansias
sabe que la lucha es cruel y es mucha,
pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina
.

3 comentarios:

Por la LIBERTAD: ESPAÑA EN MARCHA dijo...

Tus letras, amigo mio, son tan lindas y acarician tanto el alma que, en estos tiempo convulsos, materialistas, surten el efecto del beso en el alma. Se siente, al leerte, que el sol sale todos los días para alumbrar la Justicia a todo el orbe, aunque olvidemos que la mitad del orbe, cuando vemos el sol, está sumido en la oscuridad.
Un abrazo y mi alegría por leerte en estos tangos tan nostálgicos como románticos.

"Yo adivino el parpado
de esas luces que a lo lejos
va marcando mi retorno..."

Álvaro Ancona dijo...

Mi querida rebelde:

todos los días resisto hacer mi editorial sobre política. Prefiero escuchar la Novena, bailar tango y echarme un rock and roll para reposar de la estupidez humana.

En el arte están los triunfos del hombre. En la política, sus fracasos.

Álvaro

desde Buga Colombia dijo...

Son palabras magicas que nacen del alma..... son frases que vuelan por la diminuta cintura del tango arrabalero que un dia quizo pasar... son palabras que acongojan el espiritu de un tanguero ensordecido y mudo en las llamas de un alado... una fría tarde en medellin.

" El hombre para ser hombre...
no debe ser batidoooooor"

Fernando Anacona Ortiz