miércoles, 10 de diciembre de 2008

¡No!


Deberías aprender a medir tus palabras
porque un contundente ¡no! fulminó el porvenir
y extinguió la llamita que soñaba con ser llamarada,
desafinó la melodía después del cónclave de fa,
y le aplicó el Index a los libros que te iba a dedicar,
abortó la trascendencia al condenar a la ficción
a los hijos que pudimos haber escrito a cuatro manos.

Cómo pudo un bizantino vocablo de dos letras
provocar la emigración del coro de cenzontles
que afinaban la más conyugal de las baladas
y obligar a la luna a presentar su renuncia
con carácter irrevocable como dama de honor
porque después del lamentable ¡no!, decidió
que nada substancial quedaba por alumbrar.

Deberías aprender a medir tus palabras