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lunes, 28 de noviembre de 2011

El homo informaticus liricus




Escribo novela, porque no puedo escribir cuento,
y escribo cuento. porque no puedo escribir poesía.

William Faulkner



La poesía, y todo lo que representa, vuela por los aires cibernéticos con una fuerza asombrosa. Ya hubieran querido Borges, Paz o Neruda, un universo de lectores a su alcance como lo tienen hoy los poetas o aspirantes atrapados en un nick. Resulta casi imposible hoy en día, encontrar una editorial tradicional que quiera editar y distribuir un libro de poesía. Son empresas lucrativas, que lanzan al mercado productos que garanticen un mercado consumidor cautivo y abundante, y la poesía no lo ha tenido nunca, o bien, los amantes de la lírica constituyen un mercado pobre que no puede comprar libros. Un monstruo económico sin rostro, alma o dirección, ciego y sordo, que no tiene ojos para ver ni oídos para escuchar. No ama a nadie y clasifica a los seres humanos en solventes e insolventes. ¿Cuál es el valor de un poema? Sin embargo, la poesía ha encontrado siempre la manera de volar con sus propias alas; se rebela a las leyes del mercado, circula a través de los medios más insólitos, crece se reproduce y muere ignorando las leyes de la globalización y lar reglas de la mercadotecnia. Un poema no tiene valor, no puede medirse en dólares o francos suizos, no se subasta en la bolsa de valores, pero respira a través de la palabra, sirve de consuelo en tiempos de crisis, enlaza sentimientos, nace de manera espontánea de la sociedad, utilizando como única materia prima a las palabras, que son el alma de esa sociedad que no se deja manipular. Siempre ha buscado sus propios caminos: manuscritos dejados en la mesa de un café, transmisión oral de generación en generación, pergaminos escritos a mano, y finalmente: la red electrónica, sistema circulatorio de la humanidad globalizada que comunica al mundo a través de canales vivos y que nos permite relacionarnos con pares en todo el mundo en tiempo real. La Internet ha servido para muchas cosas: hacer negocios entre países, comunicarnos con los demás, y también como hilo transmisor de sentimientos. La poesía entonces, ha encontrado en el mundo virtual un vehículo inédito para gritar su verdad. Cientos de foros reúnen a los profesionales de la lírica con lectores potenciales de manera interactiva. Un poeta puede recibir retroalimentación crítica en cuestión de horas, responder, pelear, enamorarse, llorar y reir Los foros literarios que la red ofrece por cientos, se convierten en ágora electrónica, y la poesía viaja por el mundo sin que nadie pueda detenerla.
            Imaginemos por un rato a poetas inmortales como Borges, sor Juana Inés de la Cruz, Neruda, Octavio Paz, Jaime Sabines, Benedetti, incluso a Miguel de Cervantes o William Shakespeare, sentados en una procesadora de palabras, participando en un Foro poético, polemizando sobre las virtudes de la poesía con el resto de los vates del mundo. Hubieran disfrutado el vuelo de su lírica, estoy seguro, serían poetas excepcionales en los foros y los lectores tendríamos —como la tenemos actualmente— la palabra de los grandes en tiempo real y con la posibilidad de responder a sus llamados.
            La globalización no la inventó nadie, no es producto de una epifanía. Nació como consecuencia de los avances tecnológicos: la computación y las telecomunicaciones que convirtieron al mundo en una pequeña aldea —como pronosticó Herbert Marshall McLuhan— que nos permite conversar con personas de todo el mundo, intercambiar experiencias y emociones. Enlaza países, negocios, ideologías, y estupideces, pero también transmite sentimientos, inventa el Eros electrónico como bien lo apunta Román Gubern, comunica al animal simbólico a través de signos y emociones, creando a una nueva clasificación de ser humano: el homo informaticus, que utilizando la poesía como artillería del corazón se transforma en el nuevo homo informaticus liricus, al que podemos leer con sólo apretar un botón.



viernes, 2 de julio de 2010

Reseña Sendero de un hombre solo.



Reseña
Levy, Luis Haime. (2009). Sendero de uno solo. México: Editorial Jus


Con tres voces diferentes: la de un narrador omnisciente, la de un psiquiatra que, faltando a los principios de la ética profesional, nos comparte la historia clínica de su paciente, y la del protagonista central de la novela, Manuel Tribal, Luis Haime Levy nos relata la historia de un hombre común, lleno de complejos y de frustraciones como hay muchos.

Ya el título nos permite prever el argumento. La soledad interior es uno de los temas más recurrentes de la literatura mexicana. Tribal, a pesar de tener esposa y cuatro hijos, que apenas aparecen en el libro, es un solitario espiritual atado a su genealogía de manera obsesiva. El prólogo nos anticipa la trama, que se desarrolla en un hospital, mientras el protagonista vela los minutos finales de Sofía, su madre, un poco fetiche, la mujer dominante que ha influido de manera relevante en su amargura y soledad. Durante su agonía, la voz primera del narrador nos relata el dolor de Manuel, su frustración por el éxito de su hermano mayor, el gran Berny, que le ha hecho sombra desde que eran niños.

La inminente muerte de Sofía desencadena la historia, en la que Ariel, su padre, es un personaje más atado a la inercia de la madre dominante. La voz del narrador se transmuta en la voz del personaje, y al alimón nos relatan algunos pasajes de la vida familiar.

En la novela de Levy, cuya formación y actividad profesional han navegado en el mundo de las finanzas, no pasa nada extraordinario. Quizá en eso reside su atractivo. Se relatan sucesos cotidianos, eventos que la mayoría de los lectores conocemos. No hay grandes aventuras y mucho menos, héroes protagónicos. Manuel Tribal es en realidad un anti-héroe. Los personajes que desfilan en las 113 páginas, son como una película en blanco y negro, escenas extraídas de cualquier familia mexicana de clase media. Por eso, el libro tiene muy definido a su lector objetivo. Manuel Tribal, el personaje central; Bernardo, su hermano exitoso que le ha causado grandes traumas desde siempre; Sofía, la madre que agoniza ante el dolor del hijo que presenta por momentos destellos edípicos; Ariel Tribal, el padre y esposo, fallecido tiempo atrás y el psiquiatra, Ben Reubén, alrededor del cual circula la trama. Al carecer el libro de aventuras emocionantes, el interés se mantiene en los sentimientos interiores de Manuel, en sus miedos, en sus complejos y en sus fantasmas, anticipados en la dedicatoria del autor.

Los capítulos se alternan de manera original, entre el narrador omnisciente que en tercera persona relata la historia, y la voz en primera persona de Reubén, el psiquiatra que le cuenta al lector el cuadro clínico de Manuel, como si estuviera hablando a una grabadora. A través de esta voz nos enteramos de la edad y la etopeya de Manuel, de los temores que lo paralizan y lo llenan de angustia. El relato en primera persona se vuelve diálogo y nos permite escuchar al paciente cuestionando al profesional:

“Cuándo me voy a sentir bien otra vez”
“¿Seis meses? ¿Voy a estar seis meses en estas condiciones? Me voy a volver loco, no lo voy a soportar. (Pág. 23)

Y al doctor respondiendo:

“Paciencia. Paulatinamente se sentirá mejor. Nos vemos la próxima semana.

Los capítulos del psiquiatra terminan en un alarde de ingenio literario, con la Historia Clínica del paciente, el diagnóstico y el tratamiento prescrito.

Así transcurre la trama, alternando las voces. Levy nos conduce de manera pausada a un viaje interior por las pasiones de Manuel. Sus turbaciones, la aventura de tres generaciones de inmigrantes turcos asentados en diferentes sitios de de la República Mexicana. Nos narra la leyenda de los fracasos de su abuelo y de su padre, de la bancarrota familiar, de su idolatría por Berny, que se convertiría en una carga emocional casi imposible de sostener.

Las voces se mezclan, hay que concentrarse para saber quién está hablando, y los tiempos también. La cronología se dispara y nos lleva del diván del psiquiatra, a la sala de espera del hospital recorriendo la colorida biografía del clan Tribal. De repente, se detiene el relato y el autor nos cuenta con lujo de detalles cómo es la espera en el hospital:

“En el ambiente tenso se miraba lo cerrado de la atmósfera interna, olía a temor combinado con alcohol y medicamentos; se escuchaba el latido de los corazones de los que ahí estaban, tensos con la mirada atenta” (Pág. 50).

La muerte, primero de Ariel, el padre de Manuel, y finalmente de Sofía, se convierten en los acontecimientos torales de la novela, exceptuando, por supuesto, el inesperado final. Levy aprovecha ambas muertes para relatarnos las tradiciones luctuosas judías.

“Metieron la caja en el salón para el lavado ritual: Había que devolver a la tierra el cuerpo limpio que le fue prestado para su paso por esta vida” (Pág. 84)

“El Rabino se acercó a Bernardo y a Manuel, les entregó una hoja de rezos con el Kadish…

Yitgadal beyitkadash shemé rabá vealmá …“ (Pág. 85)

Y llegamos al capítulo decimocuarto, que a manera de epílogo nos cambia la jugada y nos presenta a Manuel Tribal relatando en primera persona la inesperada muerte de su psiquiatra, el único ser humano que lo escucha y lo comprende.
La ausencia de su espejo dialógico, del receptor de la transferencia total de su alter ego, lo lleva a la mayor crisis de su vida a tal grado que…

El lector tendrá que sacar sus propias conclusiones.

jueves, 13 de agosto de 2009

Todos los demás los han plagiado


El hombre ha pensado desde que es hombre. Ha desarrollado miles de teorías filosóficas, científicas, religiosas y de toda índole. Intentar atrapar el pensamiento universal en unos cuantos renglones, parecería imposible. Sin embargo, conversando o leyendo, he encontrado a quienes intentan resumir la inteligencia humana en un puñado de pensamientos.

Leí en algún sitio la teoría que sustentaba que sólo había dos libros: Don Quijote y La Odisea y que todos los demás eran un plagio; Una segunda opinión aseguraba que sólo había dos pensadores contemporáneos: Freud y Marx. Luego, mi hermano Jorge Carlos me sugirió incluir a Darwin en la lista. Después se fue ampliando entre charlas de café y ociosidad pura.

Sobra decir que ni son todos los que están, ni están todos los que son. Pero éste es mi resumen subjetivo del pensamiento universal de todos los tiempos (Se aceptan propuestas).

Sócrates
Sólo sé que no sé nada.

Aristóteles
Nada hay en la mente que no haya estado antes en los sentidos.

Platón
La filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma en torno al ser.

Cristo
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Mahoma
Si la montaña no viene a ti, ve tú a la montaña.

Lutero
La razón es el mayor enemigo que tiene la fe. Nunca viene en ayuda de las cosas espirituales, sino que las más de las veces lucha contra la palabra divina, tratando con desdén todo lo que emana de Dios.

Buda
Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos.

Confucio
Saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe; he aquí el verdadero saber.

Gandhi
Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego.

Nicolás Copérnico
La tierra gira alrededor del sol y éste alrededor de sí mismo.
Finalmente, se hará constar que el propio sol es el centro del universo.

Sigmund Freud
Sería muy simpático que existiera Dios, que hubiese creado el mundo y fuese una verdadera providencia; que existiera un orden moral en el universo y una vida futura; pero es un hecho muy sorprendente el que todo esto sea exactamente lo que nosotros nos sentimos obligados a desear que exista.

Charles Darwin
Todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común mediante un proceso denominado selección natural.

Karl Marx
El poder político es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra.

Adam Smith
La competencia es el motor del aumento de la productividad y del progreso económico.

Einstein

Teoría de la Relatividad: E= Mc2. Dos observadores que se mueven relativamente uno al lado de otro con gran velocidad, del orden de la luz, a menudo obtendrán diferentes medidas del tiempo y el espacio para describir las mismas series de eventos. Es decir, la percepción del espacio y el tiempo depende del estado de movimiento del observador.

Si tienes algún pensamiento que deba incluirse en la lista mándamelo.

lunes, 6 de abril de 2009

La identidad terrestre


LA IDENTIDAD TERRESTRE
Alvaro Ancona


¡Qué ilusos!, por favor, ¡cuánto egocentrismo! Vaya equipo de científicos ingenuos pretendiendo que la tierra, nuestro planeta, era el centro del universo, alrededor del cuál giraban el sol y los planetas, incluso el recién descubierto Sedna, más lejano que Plutón, benjamín del Sistema Solar, bautizado así en honor a la diosa del océano de la mitología esquimal.

Los astrónomos observaron mejor al universo y concluyeron que la tierra y los demás planetas giraban alrededor del sol. Hasta finales del siglo XVIII, el orden impecable del Universo comprobaba la existencia de un creador divino y omnipotente, pero Laplace expulsó a Dios y lo mando al cielo, comprobando que el Universo era una máquina perfecta y autosuficiente.

Ya en el siglo XX, se descubrió la existencia de otras galaxias, millones de ellas, y la posibilidad de la expansión consistente del Universo. Se habla de una deflagración inicial, de un universo originado por una catástrofe, una fiat lux inicial originada hace 300 mil años.

Vivimos entonces en un universo desconocido, que a partir de un desastre cósmico se auto-creó, y organizó. Un cosmos que se nutre de energía nacida del brote térmico inicial, pero cuyo origen es desconocido e inexplicable. Un universo donde el caos es predominante, el orden y el desorden son cómplices para dar a luz a las organizaciones galácticas, estelares, nucleares y atómicas. Un universo que la inteligencia humana está muy lejos de entender, y apenas empezamos a descubrir.

Dentro de ese infinito, existe una galaxia tercermundista, llamada Vía láctea, atraída a su vez por galaxias superiores. Dentro de esa insignificante partícula del universo, los seres humanos habitamos en un minúsculo planeta creado hace cuatro mil millones de años.

Eso no ha penetrado en nuestra conciencia, que siente que vivimos en un piso estático, iluminado por un sol eterno. Hemos aprendido a aislar los conocimientos, a vernos como seres humanos al margen del cosmos y de la materia con la que estamos hechos. A pesar de saber que nuestras partículas fueron formadas hace 15 mil millones de años, no aceptamos que nacimos en este cosmos, y que vamos a morir en él.

La tierra

La investigación de este grano de polvo cósmico, la exploración sistemática de la superficie de la tierra, acabó en unos cuantos años con los titanes, las tortugas y los dioses, develando un mundo de vegetales, animales y humanos. La tierra dejó de ser superficial, la geología, la química y la paleontología descubrieron una tierra de profundidades, estática y en constante evolución. Un planeta que tiene su propia historia. Proviene de una reunión de detritus celestes, por aglomeración de polvo cósmico, que como consecuencia de la explosión de una supernova se aglomeró alrededor del sistema solar. En un principio vivió la tierra el inclemente bombardeo de meteoritos, la erupción de gases que produjeron agua y atmósfera; se provocaron diluvios, erosiones que dieron vida a los continentes a partir de las placas tectónicas, hasta convertirse en un planeta aparentemente tranquilo. Con sus tierras y aguas, su atmósfera y estratósfera.

La vida

La vida está constituida por los mismos elementos físico–químicos que la naturaleza terrestre. El descubrimiento del código genético del ADN y la termodinámica, demostraron que la vida emergió de los desórdenes de la tierra.
La aparición de la vida en la tierra es un acontecimiento único y aún inexplicable; una acumulación de coincidencias. Pudiera provenir de la formación espontánea de macromoléculas, o de información genética contenida en meteoritos. Muchos indicios señalan que la vida tuvo un origen único, un solo antepasado.

La vida surgió como creación de la tierra. Se creo un ser vivo que se reprodujo, multiplicó, transformó y asentó como habitante central del planeta.

La gran diversificación originada en el mar, ascendió a los suelos, cubrió de plantas y árboles la superficie, voló en forma de pájaros e insectos hace 450 millones de años. Permitió que los seres vivos se nutrieran unos de otros, y se produjeran los ecosistemas. Posteriores modificaciones geográficas, climáticas y genéticas repercutieron en el conjunto. Los insectos y las flores se unieron en una simbiosis vital. Un bólido cósmico chocó con la tierra provocando la extinción de las plantas y con ella la de los dinosaurios, gigantescos herbívoros.

Hace 70 millones de años apareció el hombre, disfrazado hábilmente de primate y se distribuyó por el mundo. La tierra formó un árbol de la vida, que al mezclarse con las condiciones geoclimáticas formó la biosfera, placenta primigenia de la humanidad.

La vida es solidaria con la tierra. Todos los seres vivientes requieren para subsistir de otros animales, de bacterias y plantas. La solidaridad ecológica es uno de los grandes y recientes descubrimientos.

Identidad humana


El hombre ha representado un conflicto existencial entre humanistas y científicos. Las ciencias naturales identifican al ser humano como un ente biológico, y las humanidades como un ser psíquico y cultural.
Desde el siglo XIX el origen del hombre dejó de atribuirse a un Dios creador y se aceptó la evolución biológica, que empezó en el mono. Al abandonar el árbol genealógico nació el Homo sapiens, con sus herramientas, lenguaje y cultura.
Emergió a partir de los primates arborícolas. Pasó de homínido a bípedo, dominó el fuego y se convirtió en Homo erectus.
Desarrolló la tecnología, las relaciones interpersonales y el lenguaje, fuente toral de la cultura.

A pesar de ser débil, -no sabe volar como las aves, nadar como los peces, o correr como las gacelas-, desarrolló técnicas que lo ubicaron por encima de los demás vertebrados y desarrolló las potencialidades de la organización viviente de manera claramente superior.

La identidad físico-química terrestre contiene a su vez una identidad cósmica, aunque el hombre la ignora. La filosofía y la antropología rechazan la coincidencia animal y viviente, y han creado la vida del espíritu, los mitos, las ideas.

El hombre depende de la naturaleza tanto como de la cultura. Produce sus identidades humanas: la familiar, la étnica, la cultural, la religiosa, la social y la nacional.

El Homo sapiens tiene una identidad fundamental. Su unidad genética de especie permite la fecundación entre todos los hombres y mujeres independientemente de su raza o color.

También tiene una identidad cerebral, y una identidad psicológica y afectiva que le permite sonreír, reír y llorar.

La diáspora iniciada hace 1,300 siglos, provocó diferencias físicas, medidas, color de piel, forma de los ojos y de la nariz, ritos y costumbres. En todas partes se crearon mitos, racionalidad, inventos, técnicas, danzas, música, sentimientos. Cada hombre es consecuencia de acontecimientos y de influencias familiares, culturales y sociales. La diversificación es genética y psicocultural y conforma también su identidad.

Cada ser humano es único e irrepetible. Una maraña particular de ideas y sueños, de temores y dudas, tragedia y comedia, amor, odio. Aceptar la diferencia es aceptar también la identidad humana.
Nos comunicamos a través de la literatura, de la poesía, de la música y el cine.

Las diferencias en el lenguaje, en los mitos y creencias, ocultan la identidad bioantropológica. Los extranjeros han dejado de ser demonios o dioses. Son seres humanos semejantes, pero separados por barreras ideológicas, por culturas cerradas, fuente de incomprensión, de fundamentalismo, de conflictos.

Las sociedades se ven como especies rivales, y viven de guerra en guerra, matándose entre sí.

El gran reto del siglo XXI será la recuperación de la unidad del hombre. Reconocer la diversidad cultural, respetar las singularidades de las naciones, pero favorecer el mestizaje étnico cultural, en especial en las grandes urbes, que deben de servir como metrópolis cosmopolitas y unificadoras.

Es indispensable atrapar la conciencia colectiva, que sólo aparece cuando nos conmovemos con la tragedia de algún país lejano, con los misiles inteligentes matando niños y mujeres inocentes. Desarrollar la compasión para que alcance a todos los seres humanos, aunque estén muy lejos de nuestra casa, o de nuestra idiosincrasia. El respeto a las diferencias nos deberá conducir a superar la ceguera etnocéntrica o ideológica que nos hace ver a los extranjeros como una amenaza. Debemos empezar a reconocer en la mirada de cada hombre la identidad humana.

Esa identidad ha sido fragmentada por los científicos y los filósofos, que separan conceptualmente al ser biológico del ser psicológico, cultural y social. Los sociólogos no han podido ver al individuo, los psicólogos han estado ciegos ante la sociedad, la historia ha operado de manera independiente y la economía ha creado al Homo económicus, que se divide por su solvencia. La filosofía se ha cerrado en su pensamiento superior al saber antropológico, y sólo se comunica con lo humano en experiencias existenciales.

La antropología sólo podrá explicar la identidad humana, correlacionando lo biológico, lo sociológico, lo económico, lo histórico y lo psicológico en un pensamiento complejo.

La nueva conciencia

En adelante tendremos que reconocer que el universo, ordenado, perfecto y eterno, en realidad es un cosmos disperso, nacido de la irradiación, en el cuál funcionan de manera complementaria el orden, el desorden y la organización. Tendremos que olvidar la idea de una vida animada por un aliento divino, y aceptar una formación nacida de procesos físico-químicos terrestres. Olvidar la romántica idea de un hombre sobrenatural, para ligarlo a la naturaleza.

La tierra es una simbiosis física, biológica y antropológica, la vida emerge de la historia de la tierra, y el hombre de la historia de la vida terrestre. La humanidad es una entidad biosférica y planetaria.

La era planetaria, iniciada hace cinco siglos, nos envía señales alarmantes que tenemos que concientizar Somos una partícula insignificante perdida en el universo; no hay vida semejante en el sistema solar ni en la Vía láctea. El hombre y su conciencia, son resultado de una serie de coincidencias cósmicas y forman parte de una comunidad, de un destino terrestre que abarca a todos y a todo.

Lo que vamos aprendiendo amplía y crea nuevas incertidumbres: sabemos de dónde venimos, pero no sabemos de dónde viene eso de donde venimos. Ignoramos por qué existe un mundo en vez de la nada, y a dónde va.
La tierra, ese pequeño basurero cósmico es nuestra casa, nuestro jardín, es frágil y débil, extraña y preciosa.
Proviene del caos, de la desintegración del cosmos. El hombre tuvo que desarrollarse y sobrevivir a cientos de desafíos mortales para poder existir y como materia debe regenerarse cada minuto. El hombre y su desarrollo, la cultura, los sentimientos, la sociedad, tienden a modificarse, por lo que es indispensable restaurarlos constantemente.

Somos una persona de los más de seis mil millones que habitan este planeta, que a su vez está perdido en el universo, que posiblemente sea una partícula de un pluriverso.

Pero nuestro pequeño planeta es un mundo, lleno de seres pensantes, que son a su vez un universo con sus cien mil millones de neuronas y su particular cosmos de sueños, de miedos, de felicidad o de angustia. El mundo es nuestra patria, no podemos ser ni vivir en otro lado, y debemos ponernos la camiseta de “ser humano”, trabajar en equipo, y aprovechar el desarrollo de los medios de comunicación para ponernos de acuerdo, para construir un destino común, una conciencia colectiva para el futuro.

domingo, 31 de agosto de 2008

El héroe de todos los tiempos (Ensayo crítico)




En un lugar de la mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…

La más famosa de las novelas de la historia de la literatura empieza así. Habla al lector un narrador omnisciente de manera familiar, como si lo conociera. Lo involucra, lo hace cómplice de la narración:

“Ho, cómo se holgó nuestro caballero cuando hubo hecho ese discurso”

Nos cuenta la historia como si fuera algo conocido por todos, citando a otros autores que antes han hablado de ella.

Intencionalmente, quizá más que cualquier otro libro, oculta los indicadores deícticos. El narrador no quiere recordar en dónde nació:

“de cuyo nombre no quiero acordarme”

Ni cuándo

“No ha mucho tiempo”

Tampoco nos relata su estado civil, ni su genealogía. Mucha tinta se ha gastado pretendiendo ubicar el nombre del “lugar de la Mancha” a que se refiere el narrador en la primera frase. En España actualmente ubican a Argamasilla de Alba como el lugar citado.

Por algunas referencias podemos ubicar el tiempo de la narración en los años postreros del siglo XV, es decir, don Quijote es contemporáneo a su autor. Su estado civil: incierto. Alude a la armadura mohosa de sus antepasados, referencia que lo ubica como noble, y aunque pretende despojar al héroe de su historia pasada, no puede desprenderlo de la vida cotidiana que nos da algunas señales.

La narración maneja los tiempos condicionales, un pasado muy cercano. El proceso del enunciado es anterior al de la enunciación, y “el”, don Quijote, señala la identidad del protagonista del enunciado.

En la descripción detallada de la vida de don Quijote, el narrador utiliza palabras símbolo, como “Don” que ubica al sujeto como un hidalgo de aldea.

Los indicadores que utiliza el narrador son anafóricos, porque remiten a una situación de enunciación textual: Él, (un hidalgo); poco antes, (no ha mucho tiempo; allí (en un lugar de la Mancha)

Los deíticos nos remiten al observador (narrador) ubicándolo como punto de origen.

La enunciación es histórica: acontecimientos narrados como se van produciendo en su aparecer de la historia.

El entramado del discurso se personaliza cuando don Quijote toma la palabra para dirigirse a las dos destraídas mozas, y se da la representación del texto de “usted”. Las personas, (el héroe y las mozas), son personajes del enunciado, no del enunciador.

Durante esta conversación, que se desarrolla en el modo “personalizado”, don Quijote cita un romance conocido, realizando una operación de conmutación. Hace hablar al “saber popular”, elemento prefabricado que se introduce en el discurso del hablante. Don Quijote es el locutor, y las mozas el destinatario directo a quién se dirige la comunicación.

El sujeto de la enunciación no aparece en la escena discursiva, aunque el yo/narrador, y el yo/personaje, se mezclan en las afirmaciones de don Quijote.

El narrador nos da en el texto indicaciones de tiempo: “acertó a ser viernes ese día del mes de julio”; de espacio: “pusiéronle la mesa a la puerta de la venta”, relaciones espaciales no deìticas: “que a un lado de la ventana estaba”.

Los acontecimientos de la historia son narrados desde el punto de vista de don Quijote, “le pareció que ni el bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban”, aunque no deja de aparecer la voz exterior del narrador, no personaje de la acción.

Jorge Lozano, Cristina Peña-Marín, y Gonzalo Abril, en el Análisis del discurso, ubican a don Quijote entre la focalización interior y la exterior, porque su posición es en realidad fluctuante: interior, cuando se cuentan los procesos mentales “interiores”; exterior, cuando el narrador manifiesta no poder continuar la historia, porque los textos que ha recogido, donde se contaba, se interrumpen en un cierto punto.

A pesar del narrador omnisciente podemos encontrar en los primeros capítulos de don Quijote, varias focalizaciones alternas: el de las mozas, que no entienden su lenguaje y se burlan de su aspecto; el del ventero, al que no le pareció tan bueno Rocinante; el de los huéspedes, que lo observaban mientras velaba sus armas.

La evaluación de la apariencia del Quijote, nos revela una subjetividad del enunciador omnisciente, puesta en voz de los personajes que se burlan de él.

Los tres primeros capítulos se desarrollan en un día: viernes del mes de julio, desde: “una mañana antes del día”, hasta: “la del alba sería cuando don Quijote salió de la Venta"

El nivel del discurso del narrador cambia y se fragmenta constantemente, en niveles textuales diversos, fragmentos de metadiscurso en los que el narrador comenta aspectos de la narración, a través de la conmutación. Por medio del paso de tiempo narrativo a discursivo, nos ubica por momentos en la historia narrada y en otros en el narrador de la historia.

Los primeros capítulos de don Quijote están plagados de palabras y expresiones llenas de significado: “Hidalgo” es una palabra calificativa, que incluye en sí misma un status; “pobre caballero”, aduciendo a la perdida de juicio; “graduado en Sigüenza”: descripción irónica sobre el cura con el que discutía don Quijote. Según la acotación, Sigüenza era una universidad menor, y sus graduados eran blanco constante de alusiones burlescas.

El narrador introduce citas expresas dentro de la narración de manera objetiva: “mis arreos son las armas, mi descanso el pelear, etc”. Un romance muy conocido en su tiempo; “Nunca fue caballero de damas mejor servido”, una adaptación a la historia de algunos versos del Romance de Lanzarote. Don Quijote utiliza palabras ajenas, (muy conocidas), para expresarse a sí mismo, aunque marca la distancia ubicando las citas aparte de la narración.

Don Quijote confundía su propio pensamiento con los discursos de otros, dado que dedicaba la mayoría del tiempo a leer y releer discos de caballería. Imposible deducir si los discursos citados o pensados por el personaje son reproducidos en los términos originales de su producción. No podemos saber si son parte de un discurso directo, o si pertenecen a un discurso indirecto con palabras propias de don Quijote. Los textos originales de los libros de caballerías, son narrativizados en la acción de la trama.

El narrador marca constantemente la distancia con el personaje narrado, utilizando la ironía y la parodia: “fue luego a ver su rocín, y aunque tenía más cuartos que un real, y más tachas que el caballo de Gonela, le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con el se igualaban”

El enunciador descalifica al personaje, ironizando su locura manifestada en múltiples ocasiones. Para el narrador, el caballo es patético; para don Quijote, es excelso. Esta distancia es marcada durante todo el libro, constituye la parte toral de la narración. Alonso Quijano, un personaje ridículo, ocioso, totalmente fuera de razón, crea a su vez a un segundo personaje, aún más patético que lleva la locura de Quijano a un largo viaje.

Don Quijote es la parodia de un caballero andante, caricatura de cuyo discurso se burlan los demás actores de la novela.
El narrador nos presenta a dos personajes fundamentales: Alonso Quijano, un Hidalgo venido a menos atacado por una locura literaria en la que crea a un caballero ridículo y grotesco. Don Quijote vive la ambigüedad entre su patetismo real, y su imaginación capaz de convertir a una prostituta en musa, en la dama más exquisita, y a unos molinos de viento en imponentes gigantes.

En sus tres primeros capítulos, don Quijote funciona como caja de resonancia de los ecos culturales de su época; utiliza temas, expresiones y rasgos estructurales de un tiempo histórico. Alonso Quijano conservaba en una lancera las armas viejas de sus antepasados. Hace alusión a Aristóteles, caballeros andantes como: Palmerín de Inglaterra y Amadís de Grecia, (El Caballero de la ardiente espada). Menciona a Mahoma y al traidor de Galatón, (renombrado personaje de la epopeya Carolingia); compara a Rocinante con los legendarios: Bucefalo de Alejandro y Babieca del Cid; lugares como el campo de Montiel, distrito de la Mancha, Percheles de Málaga, Islas de Riaran, Compás de Sevilla, Asogujo de Segovia entre otros parajes, (según la acotación) concurridos por vagabundos y maleantes.

¿Cómo definir al lector modelo de un texto que ha sobrevivido por 400 años?

Don Quijote de la mancha, según Oscar Wilde, tuvo éxito en una época en la que sólo se escribían libros pastoriles o de aventuras de caballeros andantes. Se volvió leyenda en los albores del siglo XIX, cuando el lector exhausto de la narrativa imaginaria, había perdido la fe en el estilo neoclásico y estaba harto de las peripecias sentimentales. En ese tiempo empezaba a concebirse el ser humano como un ente no limitado a pensar y a recibir sensaciones; el hombre debía sustentar objetivamente lo pensado, tomar conciencia del existir y funcionar de su propia vida. Este nuevo enfoque invadió el ambiente cultural y se revisó tanto la literatura conocida, como los proyectos que se desarrollaban en ese momento. Ese giro brutal del pensamiento en Europa, permitió redescubrir al Quijote, hallar detrás de la superficialidad cómica de sus personajes un reflejo de la diaria realidad. Eso le dio luz suficiente a la obra para revivir, e hincar la verdadera epopeya cervantina.

Jorge Luis Borges por su parte, asegura que Cervantes no pretendió jamás escribir una historia poética. Los lectores fueron los que a través de los años le han adjudicado el sentido poético. Su autor concibió la obra en un mundo prosaico y vulgar, (realista). Cervantes disfrutaba mezclando la vida sobrenatural del caballero de la triste figura, con la de él mismo, o la de los lectores, revolviendo lo subjetivo con lo objetivo.

El propio autor material, se dirige al lector. Lo presupone culto, conocedor y amante de la literatura; se disculpa ante su lector hipotético que disimulo las faltas del libro (a quien llama hijo). Asegura que su lector tiene alma en el cuerpo y un libre albedrío como el más pintado; lo ubica en su casa, como un señor “rey de sus alcabalas”, y lo autoriza para elogiar o criticar la obra sin temor alguno.

En el prologo, en palabra de un narrador imaginario se refiere al lector modelo como “el antiguo legislador al que llaman vulgo”, y le preocupa el Qué dirá. Le llama también “lector suave”

Podemos suponer que los súbditos de Felipe II, se rieron de don Quijote pero se identificaron con él. Quizá la mayoría se enteró de las hazañas del Quijote de oídas, ya que sólo una minoría sabía leer y podía acceder directamente al texto. Los analfabetos conocían a don Quijote y a Sancho a través de los cortejos, los bailes, las mascaradas. (Quizá en el siglo XXI pase algo similar. Todos conocen la historia, a los personajes, mediante obras de teatro, series de televisión, recuerdos de las clases de literatura, pero muy pocos han leído la obra completa)

Los lectores reales de la época, aceptaron la novela porque les hacía reír. No captaban la sutileza de una comicidad fundada en la parodia. Don Quijote de la mancha, provocaba junto con la risa una inquietud que no alcanzaban a concienciar. La locura, (según Michel Foucault), es una fuente de ambigüedad: al lector del siglo XVI le provocaba risa, se burlaba de ella; el lector contemporáneo considera poco sutil incluso indecente burlarse del loco y se solidariza con la soledad trágica de un héroe incomprendido. Hay una distancia enorme entre la visión actual del Quijote, y la que se formó la Europa clásica. Distancia reflejada en la evolución de las costumbres y la sensibilidad.

Don Quijote sintetiza las formas de ficción favoritas del Renacimiento. La obra trasciende de inmediato la España, y es traducida en toda Europa, encuentra nuevos lectores, se universaliza. El lector del siglo XVIII, testigo de la decadencia imperial española, le confiere un nuevo alcance. El insensato caballero, obstinado en defender el ideal heroico de una edad caducada, es España misma, representa a los españoles. La dualidad dramática, símbolo del encuentro ser y no-ser, convierte al Quijote en un héroe de los tiempos modernos. Los lectores de cuatro siglos lo llenan de sentidos. La fe en una verdad eterna, superior al individuo; la sed de inmortalidad, el miedo a la muerte.

El lector ha hecho su parte. Decodificado los artificios expresivos, abierto los diccionarios, descifrado lo no dicho; se ha vuelto competente para alcanzar la competencia del autor. Cervantes definió a su lector modelo: español, culto, abierto, conocedor, erudito. Don Quijote montado en Rocinante se brincó todas las tranzas, abrió el texto, le dio infinitas lecturas. El target elegido por el manco de Lepanto, se ha movido constantemente a través del tiempo para ser alcanzado. Las claves hipotéticas del lector han actualizado al texto, han descubierto al universo que se escondía tras bambalinas.


La ambigüedad del héroe

Don Quijote es protagonista, primer luchador, aunque modifica elementos típicos del paradigma, o los disimula bajo los cortinajes de la parodia, Los temas que le atañen, son los mismos tratados antes en los libros de caballerías, icono literario del siglo XVI.

Toma el estilo épico y solemne y le confiere un tono irónico. Los textos del Quijote rompen la etiqueta, la rigidez, y la sustituyen con el sentido del humor, la picardía, lo festivo y lo ridículo.

Don Quijote vive la ambigüedad de una realidad que lo rechaza, que se burla de su figura exótica y de su enajenación, con el idealismo de sus sueños. Esta ambigüedad define la identidad de un héroe sui generis, cuyas aventuras siempre terminan mal en el discurso de la novela, pero tienen un final feliz en la aventura del sujeto.

Don Quijote es un varón, cumple el paradigma machista de racismo sexual masculino. Debe superar algunas pruebas para ser reconocido: encantamientos, pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas. Buscar la honra en el servicio a su república, deshaciendo agravios.

Las historias de los aspirantes fracasados no se narran, según Blas Matamoro, pero don Quijote no fracasa. En su papel lúdico de caballero andante triunfa en todas sus empresas, es un héroe inefable.

Se exilia de la casa paterna, se reviste de poderes que no puede lograr en su esquema racional. Se disfraza de caballero y se muestra preparado para engendrar y proveer. Obtiene la categoría semiótica de “don”, y se muestra dispuesto a pasar por las pruebas de resistencia al mal, cometiendo actos que ante el mundo, son contarios a la norma.

Muestra la identidad fantástica de Alonso Quijano, identidad en la que se reconoce el lector, desde el español del Renacimiento, hasta el contemporáneo Ningún héroe ha vivido tan intensamente el drama de la identidad como don Quijote.
Bajo los parámetros del héroe de Freud, don Quijote es hijo y descendiente de nobles, los muestran sus armas, sus escudos heráldicos. Podemos considerar a Alonso Quijano padre engendrador de don Quijote, producto de su alienación, que lo abandona a su suerte en los campos de La Mancha. El héroe después de una serie de hazañas, escala posiciones, alcanza el poder y la gloria, y es reconocido por su padre.

Don Quijote realiza los ritos iniciáticos entes de emprender su viaje: limpia las armas de sus abuelos, apresta a su rocín, se bautiza como Don Quijote de la Mancha, elige a una dama para enamorarse, a quien bautiza como Dulcinea del Toboso, y en su primera salida se hace armar caballero.

Dulcinea funge como mujer-madre, que guía las andanzas de su caballero a través de La Mancha, pero también como mujer-hija, que engendrará a sus descendientes.

Quijano, padre creador, incita en su chifladura, a su hijo, don Quijote, a emprender el viaje iniciático hacia el futuro. A morir y renacer como caballero andante. La identidad del Hidalgo se borra, para dar paso a la identidad del nuevo superhéroe.

Don Quijote construye una figura paterna que sirve para discriminar y reprimir. El héroe es rey, conquistador y vencedor de sí mismo. Es sometido a terribles pruebas, en las que demuestra su capacidad para encauzar sus energías a grandes proyectos.

Alonso Quijano lleva a su héroe (alter ego) a las aventuras. Es malherido y resucitado, supera todos los obstáculos que encuentra, es sostenido en su andar por personajes buenos (Sancho Panza) que le ayudan a vencer a los malos. Don Quijote es el yo soñado, el yo heroico que muestra su identidad. La duplicidad del yo se encuentra en Sancho: Se necesitan uno al otro por ser opuestos: uno fuerte, el otro débil.

El paradigma heroico de estructura triádica puede vincularse a la teoría del sujeto y llevarla al análisis del Quijote. Las tres instancias subjetivas propuestas por Hegel pueden aplicarse.

1. El sujeto del lenguaje, Alonso Quijano, del que se habla en el primer capítulo, está sujetado pasivamente por una realidad que está afuera.


2. El sujeto de la praxis, don Quijote, se desprende de Quijano; se autoemociona, se mueve a sí mismo, y se constituye en realidad. Se sujeta a su obra.

3. El sujeto del saber, Quijano se ha objetivado saliendo de sí mismo en el lenguaje y en la praxis; recoge el reflejo de lo que ha hecho y que está fuera de sí, y llega al conocimiento.


La estructura triádica evoca el salir de sí, buscar la identidad en lo hecho fuera de sí mismo, haciendo de los extraño algo propio. Alonso Quijano regresa a sí mismo, reconoce la enajenación de su otro yo (don Quijote) y termina de acuerdo con el mundo, reconciliando lo manifiesto y lo latente, aceptando su identidad.

Entonces… muere.





sábado, 23 de febrero de 2008

Posmodernidad versus Globalización


Posmodernidad versus Globalización
por Álvaro Ancona

Según Wolfang Welsh, posmodernidad no puede definirse como una época que sigue a la modernidad. Se puede decir que está contenida en ella, en la época moderna, pero de manera oculta. No es un metarelato que propone una nueva manera de organizar al mundo. Por el contrario, la teoría posmoderna supone el fin de los grandes relatos y significa una actitud espiritual diferente antes todas las ideas. El primero de los grandes metarelatos fue la Ilustración, que propuso sepultar el oscurantismo que lo precedía y lograr la emancipación de la humanidad a través de la ciencia; El Idealismo prometía esa emancipación por conducto de la teología del espíritu; el Marxismo buscaba la solución a través de la revolución del proletariado; el Capitalismo, por medio del capital, y la era tecnológica, por medio de la sociedad de información.

Todos estos modelos totalitarios han sido probados en diferentes épocas, pero siempre operaron con el inconveniente que eran excluyentes uno del otro. Los sistemas basados en un Estado fuerte y proteccionista, se contradicen esencialmente con los que proponen al liberalismo, a las leyes de la oferta y la demanda, como fundamento.

La gran lección del siglo XX fue la desaparición de los regímenes estatistas. Atestiguamos la caída del muro de Berlín, el desmoronamiento de la Unión Soviética y el fracaso económico de los países que pretendieron manejarse con un régimen de gran Estado. El mercado fue el gran triunfador, y bajo sus reglas, se inició el siglo XXI.
Sin embargo, la teoría posmodernista sustenta la ruptura de las viejas exigencias de unidad y de sujeción a dicha unidad con el argumento de una reorientación emotiva, que constituye un fenómeno totalmente nuevo. Asegura el paso inminente a la pluralidad y confirma la idea de que la felicidad y el bienestar del ser humano pueden obtenerse mediante la diversidad en todos los ámbitos. La pluralidad no se puede colocar en una serie única ni entenderse en una unidad sistemática.

El cordón social que une a las diferentes comunidades humanas no está hecho de una fibra única, sino de muchos juegos de lenguaje que se cruzan y obedecen a reglas diferentes. No existe un metalenguaje universal, y eso imposibilita la comunicación en todos los ámbitos.
Cada cultura, cada forma de vida es legítima y defendible y debe tener la capacidad de ser incluyente y no reducir a las otras. La individualidad cultural debe aprender a observarse y a respetarse, convirtiendo ese respeto y aceptación en una virtud moral y política toral.
El posmodernismo pretende ir más allá de la simple aceptación de los valores básicos de cada comunidad y propone penetrar a las bases de cada cultura, llegar a las raíces esenciales.
La convivencia con diversas formas de identidad plural son fundamento del enfoque posmoderno que guarda analogías evidentes con el feminismo, por ejemplo. Se opone a la equiparación y a la pura alteridad que busca la esencia de la mujer de manera distintivamente masculina. La mujer posmoderna es una de las identidades plurales, cuya legitimidad no debe reducirse en la comparación.

La posmodernidad sólo puede tener éxito en los sistemas democráticos. Es tan plural, que se nutre tanto del consenso de las convicciones como de su disenso. El reconocimiento de los derechos fundamentales y de los derechos humanos constituye el derecho al desacuerdo de cada persona.

Vivir en plural significa aceptar que existen muchas verdades diferentes y que pueden actuar juntas en un individuo, provocando su pluralización interna. Deben poder coexistir las más disímiles ideas y los principios de conocimiento más opuestos. Cada manera de vivir (dentro de los límites de legitimidad y contenido razonable) debe aceptarse como una posibilidad auténtica de vida. Ninguna persona, ni comunidad, ni país incluso, prevalecen de manera absoluta. No puede darse una equidistancia entre las formas opuestas de existencia. Hay grandes y pequeñas afinidades, una fluida amalgama y un intercambio constante entre las diferentes identidades.
Cada persona es muchas personas a la vez. Nietzche aseguraba estar feliz por albergar en sí mismo, no sólo un alma inmortal sino muchas almas mortales. En el pensamiento de cada uno, conviven en franca armonía una multiplicidad de sujetos.
El hombre posmoderno debe reconstruirse para poder transformarse. La pluralidad sólo es viable para los que la aceptan y se mueven con una mentalidad múltiple. El tránsito se da entre los valores y creencias fundamentales.

La más importante de las barreras que se oponen a la pluralización es el miedo, reflejo del Yo narcisista que todo lo quiere. Ese miedo nos convierte en adolescentes, incapaces de aceptar la multiplicidad y vivir con ella. Ser un adulto posmoderno significa asesinar al viejo tipo de sujeto —marcado por hábitos de dominación que al final se le estrellan en la cara— y volverse uno nuevo. Un nuevo tipo de sujeto capaz de hacer justicia a lo heterogéneo y de no tener miedo a ser diferente. No se trata de controlar ni de vencer de manera caprichosa a los demás, sino de comprometerse con el otro y dejarse transformar. Aprender a utilizar la empatía, ponerse en los zapatos del otro y mirar desde su punto de vista particular para intentar entenderlo.
La creencia cerrada en verdades absolutas conduce al hombre a la incompetencia fanática. Nadie es competente sin la experiencia, de que algo que es claro desde una perspectiva determinada, lo puede ser igualmente desde otra. Cualquier verdad debe apoyarse en la transparencia de sus condiciones de verdad. El principio de una teoría posmoderna es reconocer las particularidades de toda conjetura, la consideración de las diferentes alternativas, imprecisiones y zonas grises.
Los grandes relatos como el liberalismo y el estatismo, pretenden alcanzar el sentido pleno, absoluto, válido en cualquier época y lugar. Lo que caracteriza la estructura del sentido, son precisamente los desplazamientos, las dispersiones y sustituciones. No lo definitivo y radical. Por eso, los metarelatos tienden a desaparecer y a ser sustituidos por otros.
La teoría posmoderna está vacunada contra la ceguera de taller que producen las teorías totalitarias.

Nuestra filosofía primera, se ha convertido, en sentido elemental, en una filosofía estética. En la antigüedad, las afirmaciones generales sobre la realidad se derivaban a partir del ser; en la edad moderna, a partir de la conciencia; en la modernidad, a partir del lenguaje. En la posmodernidad actual, atestiguamos el tránsito hacia un paradigma estético. Nuestro conocimiento de la realidad no se limita a ser reproductor, sino actúa como creativo. Kant (La crítica de la Razón pura), y Nietzsche (Nietzsche 1980, vol. I, pag. 887), comprobaron que producimos realidad por métodos ficcionales: a través de las formas de percepción, de las imágenes básicas, de las metáforas guía, de las imágenes fantásticas y de las proyecciones. A través de la metáfora, damos origen a cascadas de la realidad, de manera que todo lo que está más allá de los meros estímulos nerviosos, es producto del arte humano.

El ser humano es un poderoso genio constructivo, que levanta una catedral conceptual sobre un fundamento inconsistente y aguas fluyentes. Eso convierte a la realidad en algo estético a partir de su producción, de los medios con los que se crea, y por su carácter movedizo. De acuerdo con todos los pensadores importantes del siglo XX, como Popper (Popper 1969, pag 103), Neurath (Neurath 1932 – 1933), la constitución artística de la realidad, es una concepción inevitable de todo pensamiento de avanzada.

Aceptando la índole creativa de la realidad, deberemos aceptar la aparición de la multiplicidad de diferentes realidades, que no pueden reducirse unas a otras, ni ser llevadas a un común denominador. Mucho menos pueden ser medidas de manera fundamentalista respecto de la realidad que no existe. La verdad no se puede medir. La suma de realidades no conforman un megaproyecto, ni una gran realidad. Existen todas, son factibles y respetables, entre ellas debemos transitar sin necesidad de un paradigma supremo.
La idea de la realidad se ha vuelto básicamente estética. “Detrás de las paredes pintadas, no nos espera la auténtica pared, sino otras paredes pintadas” (Rorty 1989, pág. 99),.
Se busca un punto de convergencia de muchos paradigmas y formas de ciencia, no hay fundamento primero ni último, las relaciones se fundamentan en otras relaciones y desde ahí se conducen a otras relaciones.
El pensamiento posmoderno dice adiós a las ilusiones fundamentalistas.

La realidad del mundo de hoy
Confrontemos la realidad, la práctica, la que podemos tocar todos los días, la realidad que supera la visión estética, la teoría posmoderna y que nos estalla en la cara cada que abrimos un periódico.

Hoy en día, a principios del siglo XXI…
La globalización domina al mundo controlando las grandes empresas, y los grupos financieros e industriales[1].
Rebasa a los políticos, a los intelectuales, a los humanos en general, es una fuerza que nadie puede detener ni controlar.
Se producen alimentos suficientes para el 110% de la población y, sin embargo, mueren 30 millones de personas al año de hambre porque no pueden comprarlos, y 800 millones más sufren de desnutrición.
El imperio global trae amenazas globales: terrorismo, narcotráfico, especulación bursátil, quiebra de grandes empresas.
El imperio moderno se expande conquistando mercados, no Estados ni territorios.
Los protagonistas tradicionales: nobleza, clero, Estado llano, fueron sustituidos por asociaciones de estados: TLC, Unión Europea, OTAN, y por asociaciones globales: ONU, OMC, UNESCO.
El imperio no garantiza el nivel satisfactorio de vida para sus miembros. En Estados Unidos hay más de 50 millones de pobres, igual que en la Unión Europea.
Las 225 fortunas más grandes del mundo, equivalen al ingreso anual de los 2, 500, 000 personas más pobres.
Los nuevos países pequeños, que existen a raíz de la desintegración de los imperios, viven en su gran mayoría en la pobreza.
La explotación de las materias primas, sustento fundamental de los países en desarrollo, es manipulada por las potencias, que determinan su precio de acuerdo con sus intereses y han desarrollado tecnología que las sustituye con productos sintéticos.
Los países más poblados, con más recursos naturales, y con mayor territorio (parámetros tradicionales de poder), son hoy los más pobres (excepción hecha del imperio).
La globalización ha provocado el caos, la intolerancia. Desde el fin de la Guerra Fría se han producido más de 80 conflictos armados.
Las macroempresas son entidades más poderosas que los Estados. El volumen de negocio de empresas como EXXON o General Motors, es superior al PIB de países ricos, como Dinamarca o Austria.
Las 100 empresas más grandes venden, cada una, más que lo que exportan los 100 países más pobres, y controlan el 70% del comercio mundial.
El poder real en el mundo recae mucho más en los directores de esas empresas, que en los presidentes o parlamentos de los países.
La comunicación global (TV, cine, Internet, publicidad) afecta a las conciencias abarcando no sólo la política y los negocios, sino también la cultura, la música, el deporte y la religión.
Los gobiernos van cediendo actividades tradicionales del sector público, como la energía eléctrica y la educación, al mercado.
El mercado clasifica a la sociedad en: solventes e insolventes.
El medio ambiente muestra signos muy alarmantes de debilitamiento.
Se necesitan 9,000 millones de dólares para resolver los problemas de educación básica de todos los países en desarrollo; se gastan 9,000 millones de dólares al año en cosméticos, sólo en Estados Unidos[2].
Con los 13,000 millones de dólares que los europeos gastan en helados al año, podrían resolverse las necesidades de agua, salud y alimento en los países pobres.
El mundo gasta más de 800,000 millones al año en armamentos; se necesitan 6,000 millones de dólares para dar escuela a todos los niños del mundo.
¿Qué nos dicen estas cifras?
Que la teoría posmoderna seguirá siendo una ficción escolástica e intelectual que choca, en el día a día, con un metarelato que supera con sus cifras y hechos contundentes a los sueños posmodernistas. Ese metarelato se llama globalización y, a diferencia de los anteriores, no es producto de una ideología, como el marxismo o el nacionalismo, ni de una decisión personal o de grupo. No se trata de decidir vivir bajo un régimen determinado, ni de entrar o no entrar a la globalización. Estamos adentro, nos atrapó, nadie puede sustraerse a su influencia, y menos los países más pobres.
La globalización tiene un defecto estructural básico. El libre comercio implantado por los tratados multilaterales favorece a las grandes corporaciones competitivas e inmoviliza prácticamente a las pequeñas y medianas empresas, que representan el más elevado porcentaje de empleo y subsistencia en los países en vías de desarrollo. La globalización acentúa las diferencias entre los países ricos y pobres, y los principales indicadores señalan que esa tendencia es irreversible bajo el sistema actual. El 20% de la población del mundo (los ricos), consumen el 90% de todo lo que se produce[3]. La globalización provoca otro problema propiamente económico: las inversiones especulativas superan por mucho a las inversiones productivas. La crisis de la globalización entonces, no es una crisis de las empresas de información, ni de la tecnología. Es una crisis del sistema financiero internacional provocada por el control de los monopolios sobre los países y los dirigentes políticos.
Otro de los problemas inherentes al nuevo metarelato llamado globalización, es la migración de los campesinos a las zonas urbanas. Al industrializarse la producción agrícola, se requiere de menor cantidad de mano de obra, lo que conduce a la erradicación de una de las más antiguas formas de subsistencia: la vida agraria. Los habitantes de los pequeños poblados agrícolas emigran a las grandes capitales, convirtiéndose en obreros de empresas maquiladoras, en albañiles, en comerciantes de la economía informal, o lo que es peor, en delincuentes. Los que no encuentran trabajo en las grandes urbes de su propio país, emigran en busca del espejismo del sueño americano, creando un enorme problema que trataremos más adelante.
El papel del estado ante la globalización modifica de manera radical sus funciones básicas. El antiguo Estado propietario, debe ceder su lugar al nuevo Estado regulador y normativo. No puede existir una democracia fuerte, sin la base de un Estado fuerte, y ése es el gran reto de los nuevos gobiernos democráticos en América Latina y en especial en México. Los efectos nocivos de la globalización para un país con agentes económicos débiles como México son muchos, por eso debe enfocar su esfuerzo en retomar los valores sociales, y revalorar al capital humano. No puede esperar a que la inercia especulativa global provea soluciones, hay que arrebatárselas a la globalización. Hacer un inventario de los recursos con los que cuenta el país, para intentar sentar las bases de un crecimiento, dentro de un mundo global del que no puede sustraerse. Ser miembro activo y dinámico de la globalización, en vez de resistirse a ella. Finalmente, la globalidad se compone de pequeñas partes, de países, de asociaciones de países, de instancias internacionales, de corporaciones industriales y comerciales, de pueblos, de personas, en última instancia. La globalización es resultado de la voluntad humana, es un monstruo que la inteligencia del hombre puede y debe manejar, por su propio bien. Cada gobierno es responsable de implementar un liderazgo, público y privado, fuerte y sólido, consciente de sus propias responsabilidades.
El estatismo perdió la guerra en el siglo XX. El totalitarismo comunista y las dictaduras castrenses cedieron la estafeta a un liberalismo que está resultando peor en el contexto global. Vivimos en un mundo dominado por la lógica especulativa, por el dominio de los nuevos metarelatos globales, por una tecnología, una política y una economía, que escapan de la mano de los hombres, que lo dominan y subyugan. El orden internacional está comandado por estas fuerzas, por poderes que nadie puede controlar, que se burlan de las soberanías caseras, de la lucha por la individualidad, de la identidad de países pobres y de habitantes que no saben si seguir comiendo tacos de carnitas y agua de tamarindo, o rendirse ante la invasión de McDonalds y de Coca cola.

Conclusiones.
La globalización no va a preocuparse jamás por aspectos sociales, eso hay que entenderlo. Como habíamos mencionado, clasifica a las personas en solventes e insolventes. Queda entonces como responsabilidad de cada país intentar socializar la economía global, tomar como base a la sociedad civil y a la realidad cultural para intentar sujetar al mundo global y a sus engendros.
El 29 de junio de 2004, se realizó en la Ciudad de México una gran manifestación espontánea, en la que cientos de miles de ciudadanos protestaron en paz, por la creciente criminalidad de la capital y de todo el país. Ante la ineficacia notoria de las autoridades, la ciudadanía decidió marchar en el mayor movimiento social de la historia de México, superior que las manifestaciones del movimiento estudiantil de 1968. Demostraron a los dirigentes que están hartos del dominio de la delincuencia sobre la sociedad civil. Fue un ultimátum al gobierno federal y estatal. ¡O controlan la impunidad de los delincuentes o los cambian! Tan sencillo como eso. No es posible que la delincuencia organizada supere habitualmente a todo un país. Ése, es un principio espléndido. En el momento que los habitantes del mundo decidan poner un alto a los excesos de los gobernantes entonces el camino estará despejado. Es indispensable que las sociedades civiles se activen, que las culturas diversificadas se opongan a la cultura lúdica mundial que nos están imponiendo. Sólo una sociedad bien educada y unida puede utilizar el proceso globalizador en su beneficio, convertirlo en oportunidades de crecimiento, justicia y bienestar.
Todos los sectores activos del país, públicos, privados y sociales deben adquirir la conciencia de servir primero a su comunidad local, a su acervo cultural, antes de los intereses globales que los requieren con insistencia.
Hasta hoy, la única oposición que tiene la globalización está en los grupos a los que el presidente mexicano Ernesto Zedillo bautizó como “globalifóbicos”, pero en realidad poco o nada han podido hacer ante la economía global, que por cuenta propia da prioridad a la calidad sobre la cantidad de los productos que llegan al consumidor a través de alianzas internacionales de gran poder comercial. Poco pueden hacer manifestaciones aisladas de descontento ante el coloso económico.
La globalización y sus poderosos agentes económicos no pueden sustituir al Estado, solamente lo deben transformar de un estado benefactor a un estado regulador[4]. La globalización amplía las tareas públicas en vez de restringirlas o de suprimirlas. Reafirma la función distributiva por la vía fiscal. El Estado mexicano deberá seguir siendo factor toral para implantar las políticas de salud y educación. Con un Estado fuerte (no grande), una empresa privada productiva (no especulativa), y una sociedad civil despierta y activa, la globalización puede ser una herramienta de bienestar en lugar de la espada de Damocles del siglo XXI.
La globalización no tiene nacionalidad, tampoco la tecnología, ni las organizaciones internacionales, pero tampoco la corrupción y el narcotráfico son patrimonio de país alguno, por eso son tan difíciles de ubicar y erradicar. La globalización no es una panacea, ni un monstruo incontrolable. Es resultado de la tecnología, de las telecomunicaciones, de la mercadotecnia internacional. Ningún país puede sustraerse a ella, todos tienen que subirse al ferrocarril global y utilizarlo a su favor, no tratar de poner barreras a algo que no puede detenerse. Fernando Enrique Cardoso, ex presidente de Brasil, propuso enfrentar a la globalización con sus misma armas, globalizando también la solidaridad. Instrumentar un nuevo contrato internacional entre naciones libres y soberanas, globalizar los derechos, la salud, la educación, la seguridad y el medio ambiente.
La utopía posmoderna de la pluralidad cultural se enfrenta a un metarelato con el que no contaba: la globalización que llegó sin avisar.
De todas partes surgen tesis, los pensadores no se cruzan los brazos. George Monbiot, es su libro "La era del consenso", propone una solución muy simple: “contra lo que se dice, el mundo no se maneja de manera democrática y, por tanto, la gran revolución de nuestro tiempo debe consistir en alterar ese estado de cosas y luchar por todos los medios a fin de establecer una auténtica democracia global”. Lo único que no se ha globalizado en el siglo XXI, es la democracia de las naciones. El mundo se organizó de tal manera después de la Segunda Guerra Mundial, que los aliados vencedores —en especial Estados Unidos—, tomaran el poder de decisión a nivel mundial, sin importar la opinión de los cientos de pequeños países. El país más democrático del mundo, en su política interior, es el más anárquico del mundo en cuanto a sus intereses exteriores. La ONU desaprobó por mayoría la intervención en Irak, pero antes de que pudiera publicar la conclusión, el ejercito de Estados Unidos ya había terminado la guerra. Muestra reciente de que la ONU, la OMC, el FMI y el Banco Mundial —que deberían representar la democracia internacional—, están dominadas por Estados Unidos y sus aliados. Los intereses de la comunidad global son manejados de acuerdo con los criterios de un pequeño grupo de países, situación que se torna intolerable para los más de 6,000 millones de habitantes del mundo. Monbiot asegura que esos organismos no pueden reformarse, por la restricción que les imponen los postulados que les dieron vida, ni siquiera vale la pena intentarlo.
Su tesis propone la constitución de un parlamento mundial que carezca de poderes ejecutivos y legislativos, cuya función consista en intermediar en todo tipo de conflictos entre las diferentes naciones. Junto a este parlamento mundial tendrían que operar instituciones alternas para controlar la economía planetaria. La primera de estas instituciones podría ser la Unión Internacional de Compensación, un substituto del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional en el que los países deudores podrían hallarse en nivel de igualdad con los acreedores. Para que las naciones ricas aceptaran esta pérdida de poder, las naciones deudoras tendrían que aliarse y amenazar con una suspensión de pagos. La segunda institución sería una OrganizaciónOrganización del Comercio Justo que vigilara la igualdad de las transacciones comerciales, y la obligación de las grandes empresas de seguir las normas ambientales y sociales. Por supuesto, la propuesta de Monbiot depende de la unión de los países pobres y del activismo de los ricos.

La idea posmoderna de la vida plural, que en esencia postula el fin de los grandes relatos, tendría que aceptar el más grande de los metarelatos, La globalización, para tener viabilidad.




[1] Guerras del siglo XXI, El nuevo rostro del mundo, pag. 11, Ignacio Ramonet, Ed. Modadori
[2] En esto creo, 2002,Carlos Fuentes, Ed. Seix Barral
[3] En esto creo, Carlos Fuentes, pag. 89, Ed. Seix Barral
[4] Tomado de un editorial en Reforma de Jesús Reyes Heroles.